CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

El embudo de Boris

El embudo de Boris Lingüísticamente, un adagio es una frase corta pero célebre que contiene alguna experiencia importante y que es considerada creíble por mucha gente. Los más populares, que intentan resumir alguna verdad básica, son los proverbios, y si hay humor o ironía reciben el nombre de epigrama, como la navaja de Ockham. Este principio asegura lo siguiente: “Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez”. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser la correcta. La denominación de navaja de Ockham apareció en el siglo XVI para metafóricamente expresar cómo Ockham “afeitaba cómo una navaja las barbas de Platón”, ya que de su aplicación se obtenía una notable simplicidad ontológica, en contraposición a la filosofía platónica que “llenaba” su ontología de entidades. Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, está haciendo frente al momento más crítico de su legislatura por su partygate. Parece demostrado que ha celebrado más de una fiesta incumpliendo las restricciones por el Covid-19 vigentes en ese momento en su país. Especialmente sonrojante fue su fiesta de cumpleaños, pues se produjo al regreso de un acto en una escuela en el que puso especial énfasis en la importancia del distanciamiento social. Se conoce como Ley del embudo a la injusticia surgida en alguna confrontación en el que el más fuerte se queda con el lado ancho, mientras que el débil se queda con el estrecho, en clara referencia a la forma del embudo, obviando así el principio de igualdad. Pero, conociendo a Boris, Guillermo de Ockham diría que el hecho de que en Downing Street se llevarán a cabo más de una docena de fiestas, mientras el resto del país se encontraba bajo un estricto confinamiento, obedece más a la estupidez del primer ministro que a la maldad del mismo. www.carloshidalgo.es

Ciberacoso

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión 23/01/2022 CIBERACOSO El pasado 28 de diciembre, se suicidó una joven de 20 años en su casa de Navas de San Juan (Jaén), lugar donde se hallaba unos meses recluida, huyendo del infierno al que la estaban sometiendo unos compañeros. Primero aparecieron unos carteles pegados en diversas calles del municipio con la fotografía de la chica junto a apelativos injuriosos. Una vez denunciado y retirados, comenzó el infierno digital, el ciberbullying. En un primer momento se divulgó, en varias páginas web y en diferentes portales, publicaciones con imágenes ofensivas de la joven. Más tarde, con la creación de una cuenta falsa de Instagram, se difundieron fotografías personales junto a comentarios groseros y soeces, al tiempo que, haciéndose pasar por ella (suplantación de identidad) atacaban e insultaban a terceras personas. Por último, publicaron su número de teléfono en páginas de contactos. Sin poder soportar más el sufrimiento y el escarnio, la joven optó por quitarse la vida. La razón principal por la que se produce un acoso responde básicamente a la predisposición a la violencia del agresor, adquirida en un entorno familiar y/o social con antecedentes de violencia o de justificación hacia la misma. Esta conducta repetitiva e intencional por la que se pretende intimidar, someter, amedrentar y atemorizar a la víctima, lo suelen llevar a cabo personas carentes de autoestima, que solo logran fortalecerla mediante el daño y la denigración hacia el otro. Desgraciadamente, el ciberacoso no es un hecho aislado, pues uno de cada cinco padres en España admite que su hijo ha sufrido acoso cibernético alguna vez. Puesto que es una evidencia que al acosador no le han sido inculcados límites ni restricciones en cuanto a la ética y el respeto, la solución pasa por la educación. Hay que esforzarse por establecer vínculos afectivos sanos y estables junto a un estilo de crianza fundamentado en el respeto y la empatía. Esto promoverá que nuestros hijos sean respetuosos con los demás. www.carloshidalgo.es

Depresión existencial

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO   Artículo de opinión   16/01/2022 DEPRESIÓN EXISTENCIAL El pasado 13 de enero se celebró el día mundial de la lucha contra la depresión, trastorno emocional que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y que se considerada la primera causa mundial de discapacidad. Con la proclamación de este día se pretende sensibilizar, orientar y prevenir a la población sobre esta enfermedad, cuyas cifras aumentan de manera desproporcionada en el mundo. Los principales rasgos de la depresión son la tristeza continua, la pérdida de interés o placer en actividades que antes nos resultaban agradables (anhedonia), la falta de concentración y la sensación de abatimiento. Existe un subtipo, llamado depresión existencial, muy común en personas con alta capacidades, que se da en perfiles de personas que padecen el peso de la injusticia o la desigualdad, que no hallan un sentido a la vida y que sufren el aislamiento por ver y sentir el mundo de un modo diferente al resto. Es un modelo de depresión que aparece en personas reflexivas e introspectivas caracterizadas también por tener mucho talento. Por lo tanto, hablamos de un perfil de personalidad que profundiza, quizá en exceso, en dimensiones como la muerte, la falta de libertad y la injusticia social, de una manera tan obsesiva que les lleva a vivir como desconectados del entorno. Este tipo de depresión toma su nombre del existencialismo, corriente filosófica que centra su análisis en la condición humana, la responsabilidad individual, la libertad y el significado de la vida. Jean-Paul Sartre, su máximo exponente, rechazó el Nobel de Literatura en 1964 explicando que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción, pues los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones establecidas. Tal vez un ejemplo de la vida de aislamiento y soledad que tuvo cuando llegó a decir que, en su día a día, solo veía caras suaves y sonrientes en todas partes, pero con las miradas perdidas. www.carloshidalgo.es

¿Qué quieres ser de mayor?

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO   Artículo de opinión   9/1/2022 ¿Qué quieres ser de mayor? EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO   Artículo de opinión   9/1/2022 ¿Qué quieres ser de mayor? Una encuesta realizada a los niños entre 6 y 16 años asegura que un 25 % quiere ser futbolista, un 15 % policía, un 12 % maestro y un 10 % youtuber. Con respecto a las niñas, un 20 % quiere ser profesora, un 17 % médica, un 12 % veterinaria y un 8% influencer. Este estudio demuestra el cambio de tendencia en los deseos profesionales de los más jóvenes donde, a las profesiones tradicionales, se le unen otras ligadas a la creación de contenidos para plataformas como Instagram, Youtube o Tik Tok. Así, “Gamers”, “Streamers”, “Youtubers” o “Tiktokers” se asientan como deseos profesionales, animados por la “idílica” vida que se muestra en la red, utilizada como anzuelo de marketing muchas veces, donde se piensa que el trabajo consiste en jugar a videojuegos o viajar. Pero la realidad es que en España solo hay 7.000 personas que puedan vivir de la creación de contenido en redes. Es una realidad que los jóvenes pasan cada más tiempo consumiendo contenido digital, por lo que estos influencers se convierten en un referente, con el peligro que esto tiene. Sin ir más lejos, durante estas fiestas navideñas, se ha viralizado un video de un tiktoker castellonense (Jona Sanchez), donde aparece el propio autor chantajeando al dueño de un restaurante para que le invitara a comer si no quería que pusiera reseñas negativas. Afortunadamente, el público, dándose cuenta del engaño, ha reaccionado a la inversa, añadiendo una avalancha de comentarios positivos del local. Este es un ejemplo de como un tiktoker puede ser un mal ejemplo para los jóvenes. No se sabe ciertamente cuánto va a durar, pero lo que sí que es una evidencia es que estos profesionales de las plataformas, tienen influencia sobre los consumidores y sobre los niños, por lo que bien haríamos en tener un mayor control parental sobre el contenido que visionan nuestros hijos. www.carloshidalgo.es

Buenos hábitos

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO   Artículo de opinión   26/12/2021 Buenos hábitos El inicio de año suele ser un momento idóneo para repasar nuestros hábitos e intentar comenzar con buenos y firmes propósitos. Diferentes investigaciones indican que solo el 10 % de las personas consiguen materializar sus sueños, sin dejar que estos se queden en un simple deseo verbalizado. Porque todos los años sucede lo mismo: se comienza con una firme convicción, pero en cuanto transcurren unas semanas, la fuerza de voluntad declina y se vuelve a caer en antiguos vicios y costumbres. Además, esta frustración conlleva un coste a nivel de conciencia, por lo que se suele culpar del fracaso a los demás o a las circunstancias, y nunca a la falta de disciplina, constancia y tesón. Un estudio universitario ha concluido que las tres razones fundamentales que se encuentran detrás del abandono de los nuevos propósitos son: un exceso de optimismo, la falta de fuerza de voluntad y el planteamiento de objetivos poco realistas. Siendo que más del 60 % de las actividades que realizamos a diario son hábitos cotidianos, es conveniente adoptar buenas costumbres en la rutina diaria. Un hábito es cualquier conducta aprendida que, mediante su repetición, se termina realizando de forma habitual y automática, sin apenas pensar en ello. Este es un elemento básico del aprendizaje humano que se crea porque el cerebro siempre busca la forma de ahorrar esfuerzo. Al parecer, el tiempo para conseguir un automatismo es de 66 días, y no 21 como siempre se ha creído. Y es que, para mejorar nuestra calidad de vida, no es necesario realizar unos cambios muy drásticos en nuestras rutinas, solo con un poco de constancia se pueden instaurar nuevos hábitos saludables. En realidad, se puede conseguir la mayoría de cosas que uno se proponga, siempre que sean metas realistas y que se crea en la posibilidad de conseguirlas. Todo depende de nuestra motivación e impulso, pues como dijo Rabindranath Tagore: “No puedes cruzar el mar simplemente mirando el agua”. www.carloshidalgo.es

Prohibido reír

PROHIBIDO REIR Si algo caracteriza al régimen comunista de Corea del Norte es la extravagancia. Desde imponer el estilo del corte de pelo (solo hay 14 opciones para los hombres y 15 para las mujeres) o prohibir los pantalones vaqueros, hasta fusilar a su ministro de Defensa (Hyon Yong-Chool) por quedarse dormido durante un evento o detonar una bomba de hidrogeno, un dispositivo termonuclear, provocando un temblor que se sintió en China y Rusia. Ahora, el régimen de Pyongyang liderado por Kim Jong-un ha prohibido reír desde el pasado 17 de diciembre, fecha en que murió su padre Kim Jong-il, durante 11 días. En verdad no solo está prohibido reír, también tomar alcohol, contar chistes, comprar comida, llorar en los entierros o acudir a acto alguno que promueva el solaz y el esparcimiento. En definitiva, está prohibido mostrar cualquier señal de felicidad durante 11 días. Sesudos estudios aseguran que la risa es universal, pero el humor no. Por un lado, en todas las culturas se identifica la sonrisa con un sentimiento de felicidad y alegría. Sin embargo, no a todos nos hace reír lo mismo. Esto es debido a que el sentido del humor está ligado al desarrollo cognitivo, por lo que cambia dependiendo del contexto cultural, la época, la situación y la persona. Otra particularidad es que, para reír, la condición esencial no es el “chiste” o la situación, sino que haya otra persona. Por eso, cuando nos hacemos cosquillas a nosotros mismos, no nos reímos. Así, está comprobado que la risa es 30 veces menos frecuente en soledad que en situaciones sociales. Por lo tanto, en estas fiestas conviene que nos rodeemos de nuestros seres queridos y amigos (con prudencia y cautela, eso sí) y reír a carcajadas, pues al hacerlo se ejercitan 400 músculos, aumenta el ritmo cardiaco y se generan endorfinas, hormonas opiáceas que nos sirven como analgésico natural contra la tristeza y el dolor. www.carloshidalgo.es

La melancolía

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO        Artículo de opinión   19/12/2021 LA MELANCOLÍA El pasado lunes apareció muerta en su domicilio Verónica Forqué. Ella mismo había hablado sobre la angustia vital que experimentó en sus dos depresiones pasadas, una en 2014 y otra en 2017. Por lo visto, ahora había recaído de nuevo. Recientemente declaró lo siguiente: “La depresión es una enfermedad y la sociedad solo evita hablar de ella”. Inicialmente conocida por la cultura griega como melancolía, la depresión toma su nombre del latín depressus (abatimiento), siendo una enfermedad sufrida por más de 350 millones de personas en todo el mundo, y representando el 8% de la mortalidad prematura (por suicidio). De hecho, solo en España hay más de 10 suicidios diarios y, por cada intento consumado, se producen 20 tentativas. La depresiónes un trastorno emocional caracterizado por un bajo estado de ánimo y síntomas predominantemente afectivos como la tristeza patológica, la apatía, la anhedonia y la desesperanza. Además, también están presentes síntomas de tipo cognitivo, volitivo y somático, por lo que podría decirse que la depresión no afecta solo psíquicamente, sino también físicamente. Junto a estos, suelen aparecer también otros síntomas como el sentimiento de culpa, la irritabilidad y la idea de suicidio. En este punto hay que puntualizar que la persona más que desear la muerte, lo que anhela es dejar de sufrir. Conviene recordar que tristeza o melancolía no son sinónimos de depresión, pues tener algún período de decaimiento es algo inherente al ser humano. Por lo tanto, diríamos que la tristeza es un sentimiento normal, pero que puede llegar a ser patológica en función de su duración, intensidad y grado de interferencia en la vida cotidiana. Como dijo la propia Verónica: “Si de una depresión no llegas a saber la causa, nunca terminarás de salir. Es esencial saber porqué quieres morirte cada día cuando abres los ojos por la mañana”. Y es que con demasiada frecuencia fingimos sonrisas para evitar preguntas. www.carloshidalgo.es

Kufungisisa

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO         Artículo de opinión   12/12/2021 Kufungisisa A no ser que dominemos la lengua shona, que se habla en Zimbabwe, es complicado que sepamos que kufungisisa significa “pensar demasiado”. Los Zimbabwenses utilizan ese término para referirse, de manera literal, a lo siguiente: “me duele el corazón porque pienso demasiado”. Y es que pensar mucho puede ser un arma de doble filo. A lo largo de la historia, la humanidad se ha sentido orgullosa de su capacidad para reflexionar. Al contrario que otros animales, que se guían básicamente por su instinto, el ser humano dispone de la habilidad para reflexionar. Sin embargo, si esta capacidad para discurrir no se utiliza bien, nuestros pensamientos pueden hacernos daño y ser motivo de un desequilibrio emocional. Se sabe que una persona suele tener 60.000 pensamientos diarios y que la mayoría son negativos, repetitivos o centrados en el pasado. Una teoría que intenta explicar el porqué somos así argumenta que en realidad la mente humana sigue comportándose como si estuviésemos en el Paleolítico. En aquel periodo, el ser humano debía estar atento a todos los peligros y aspectos negativos de su vida si quería sobrevivir: escapar de los depredadores, la escasez de alimentos, buscar un refugio seguro, etc. La teoría indica que, desde entonces, nuestra mente se enfoca más en los aspectos negativos, pues nuestro sistema activador reticular (SAR) pone atención solo a lo que puede salir mal, como una forma de supervivencia. En Zimbabwe afirman que hay tres pasos para superar el pensar demasiado. El primero es Kuvhura pfungwa (abrir la mente), el segundo es Kusimudzira (elevarse) y el tercero Kusimbisa (fortalecerse). Afortunadamente, no es preciso acudir a la cultura africana para superar el kufungisisa. Existen terapias psicológicas que se centran en ayudar a las personas a relativizar y a ver el mundo de una forma distinta, modificando las creencias catastrofistas. Porque, como dijo Marco Aurelio: “La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”. www.carloshidalgo.es

La promesa

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO         Artículo de opinión   5/12/2021 LA PROMESA La semana pasada falleció a los 96 años Justo Gallego, el albañil que dedicó su vida a construir una catedral en Mejorada del Campo. A los 27 años contrajo tuberculosis, enfermedad que casi provoca su muerte. Persona de gran fe, convencido de que la Virgen del Pilar le había curado, prometió dedicarle una catedral. Dicho y hecho. Al recobrar la salud, decidió convertir un terreno de su familia en un lugar de culto. En lo que antes era un olivar, 60 años después, se erige hoy una catedral, en 4.700 metros cuadrados, de 35 metros de altura, con 12 torreones, 28 bóvedas y 2.000 vidrieras. Impresiona más saber que Justo no tenía ningún estudio sobre arquitectura (era albañil), ni usaba plano alguno, pues todo lo hacía de manera improvisada. Ladrillos defectuosos, latas, restos de neumáticos y otros desechos son el principal material del que está hecha la catedral. Para conseguir financiar su obra vendió tierras de cultivo de la familia, a la vez que recibía diferentes donaciones. A pesar de haber celebrado alguna ceremonia religiosa, el suelo sigue sin estar consagrado. Desde Mejorada del Campo se lucha por convertir esta obra en un Bien de Interés Cultural (BIC), existiendo un plan por el que, mediante su aprobación, la obra puede obtener el permiso para legalizarse, evitando así su derrumbe. Antes de morir, Justo pidió a sus allegados que le dieran su palabra de honor para que hicieran todo lo posible por terminarla. La misma palabra que él dio a la Virgen prometiéndole el templo. En verdad, todos tenemos objetivos, pero con frecuencia son ensoñaciones poco definidas y sin un plan específico. Sin embargo, pocos tienen una meta tan concreta como la de Justo, acompañada de un plan de actuación tal que se esté dispuesto a pelear hasta el final para conseguirla. Y es que establecer una meta contribuye a que las personas tengamos un propósito en la vida. www.carloshidalgo.es

Efecto Dunning-Kruger

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO              Artículo de opinión   28/11/2021 EL EFECTO DUNNING-KRUGER El pasado miércoles, la Policía Nacional recuperó en Jaén una falcata íbera del siglo III aC. procedente de un expolio. La falcata era la gran arma de los guerreros íberos que causaba el horror entre las legiones romanas, obligadas a reforzar con hierro el borde de sus escudos para contrarrestar la potencia de su corte curvo. Agentes de la Policía Nacional iniciaron una investigación cuando descubrieron una publicación, en una conocida red social, en la que un usuario llevaba a cabo una consulta en relación al precio de venta de una falcata íbera sin amortizar (sin usar), con empuñadura de cabeza de ave, que tenía en su poder. Los cuerpos de seguridad dieron fácilmente con la persona que estaba ofreciéndola para su venta, acusándolo de un delito contra el patrimonio histórico y otro de apropiación indebida. Además, recuperaron otras 202 piezas arqueológicas (puntas de lanza, flechas, fíbulas, hebillas, etc.) que también tenía con él. Hace tiempo que los psicólogos demostraron que tenemos la tendencia a ser ciegos a nuestros propios defectos mucho más de lo que pensamos. Así, cuando creemos que nuestra capacidad mental es extraordinaria, sobreestimando nuestra inteligencia, caemos en el fenómeno conocido como el efecto Dunning-Kruger. Estos dos investigadores (Dunning y Kruger) descubrieron que, al intentar evaluar el nivel de desempeño en una actividad determinada, los participantes que eran menos habilidosos tenían un doble de déficit. Por ejemplo, los cazadores más ineptos en el manejo de un arma, también son los que menos conscientes son de su mala pericia. O sea, no sólo eran los más incompetentes, sino que carecían de las herramientas mentales para juzgar la propia competencia. Porque cuanto más tontos somos, más inteligentes nos creemos. Este efecto bien podría explicar la autoestima desmedida de algunos amigos de lo ajeno como el ladrón de la falcata. Y es que, con frecuencia, la inteligencia es un proceso cíclico: cuando te pasas de listo, vuelves a ser tonto. www.carloshidalgo.es