CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

La matanza de Bucha

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  10/04/2022 LA MATANZA DE BUCHA La crueldad de la guerra de Ucrania se puede resumir en el hallazgo de cientos de cadáveres, tirados literalmente en el suelo, en la localidad de Bucha. En su retirada hacia Bielorrusia, el ejército ruso ha dejado atrás un catálogo de crímenes contra la humanidad, que revela su brutalidad y monstruosidad. Violaciones, torturas, asesinatos de civiles con las manos atadas a la espalda, como si de un macabro tiro al blanco se tratara, y fosas comunes, quedarán como icono de esta barbarie. Es una práctica ya vista antes por el ejército ruso desplegado en Chechenia en 1999 y 2000, conocida como zachistki o “limpieza”. Es decir, matar a todos en edad de empuñar un arma, aunque no pertenezcan a milicia alguna. La consigna es clara: si no se puede controlar un territorio, que no quede nada con vida. Es difícil ponerse en la mente de una persona que realiza semejante salvajada, a no ser que se sea un Spetsnaz, los soldados de élite del ejército ruso. Los temidos Spetsnaz, reciben un entrenamiento específico con cadáveres cuyo fin es conseguir que los soldados sean inmunes a los horrores de la guerra, deshumanizándolos. Esto, unido a un trabajo mental donde se les convence de la supremacía del pueblo ruso frente al eslavo, explica parte del genocidio. Por último, aparece el efecto Lucifer, proceso de trasformación por el cual una persona normal, es capaz de cometer un acto atroz debido a la influencia poderosa del factor situacional. Y es que no es tan difícil que una buena persona actúe con maldad dependiendo del entorno y las circunstancias, pues los impulsos arcaicos son muy fuertes y, en situaciones extraordinarias como la guerra, pueden emerger; no debido a factores psicológicos o traumas personales, sino a la presión del ambiente. Un escenario así, hace que los individuos se insensibilicen y puedan actuar de una forma feroz y despiadada, justificando lo injustificable, un genocidio. www.carloshidalgo.es

La ira

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  03/04/2022 LA IRA ¿Quién no conoce la historia acaecida en la entrega de los premios Óscar, el pasado domingo, en el Dolby Theatre de Los Ángeles? El presentador de uno de los premios, Chris Rock, hizo alusión a la calvicie de Jada Pinkett, que padece alopecia areata (enfermedad autoinmune). La actriz, responde al comentario con un gesto de desagrado y hartazgo, mientras las cámaras muestran a su marido, Will Smith, sonreír de manera forzada. A los pocos segundos, Smith cambia su estado emocional, sube al escenario y abofetea al cómico. Cuando vuelve a su asiento grita iracundo, en varias ocasiones, que no mencione más el nombre de su esposa. Minutos después, Smith gana el Oscar a mejor actor y durante su discurso de agradecimiento justifica su acto argumentando que el amor puede llevar a cometer locuras. El chiste fue de mal gusto, machista e impresentable. La reacción violenta del ganador del Oscar incorrecta. Este hecho nos recuerda que hay emociones primariasque, en situaciones de tensión, pueden jugarnos una mala pasada, a no ser que tengamos un buen autocontrol. Una emoción es una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, como reacción biológica ante un estímulo externo. Las emociones tienen lugar en las regiones subcorticales del cerebro, en la corteza prefrontal y en la amígdala. Ahí se encuentran el miedo, la alegría, la sorpresa, el asco, la tristeza y la ira. Precisamente esta fue la emoción que se apoderó del actor. Un ataque de ira es la consecuencia de un episodio de enfado donde la persona ante una humillación, descontento oinjusticia reacciona de forma violenta. Los estudios demuestran que una emoción dura, de media, 90 segundos, justo el tiempo que duró toda la secuencia. La emoción ocurre irremediablemente, lo que sí se puede controlar es la conducta asociada a dicha emoción. Como diría el maestro de Kung-fu: Para ser un buen guerrero hace falta cultivar la templanza “pequeño saltamontes”. www.carloshidalgo.es

Aplicaciones para citas

Aplicaciones para citas Tinder, Match, Meetic, eDarling o Grindr son solo algunas de las aplicaciones de citas online disponibles hoy en día. En las dos últimas décadas, estas apps han modificado el panorama de las citas, cambiando la forma de buscar pareja. Se calcula que el 45% de las parejas heterosexuales y el 60% de las homosexuales se han conocido por este medio. Estas abrumadoras cifras, certifican que la forma de relacionarnos se ha transformado con el auge de las nuevas tecnologías y del uso generalizado de los teléfonos inteligentes. Y es que hace mucho tiempo que el empleo de estas aplicaciones ha dejado de ser una excepción para convertirse en una opción habitual cuando se busca una relación. Registrarse es fácil: Se suben unas fotos (favorecedoras), se señalan nuestros intereses y se realiza una pequeña explicación que nos describa. A partir de ahí, un algoritmo empieza a buscar a personas afines que puedan coincidir con nuestras preferencias. En cuanto a los resultados, hay quien asegura que ha encontrado el amor, mientras que a otros les ha servido para tener encuentros fugaces o para aumentar su círculo de amistades. Sea como fuere, lo cierto es que esta manera de relacionarnos ha dado lugar al surgimiento de un nuevo término: el amor líquido. Este se caracteriza por la fugacidad y superficialidad del vínculo que se crea, pues con frecuencia se cae en la tentación de la inmediatez, la fugacidad, buscando siempre a alguien nuevo, una especie de consumismo puntual que da satisfacción a una necesidad momentánea y que, seguidamente, se produce el descarte. Esto hace que no se llegue a profundizar, con lo que no se consigue conocer realmente al otro. Y dar tiempo a una relación es clave para que tenga futuro, también a nivel virtual, pues las relaciones crecen a partir de la confianza y la solidez. Porque el mejor fuego no es el que se enciende rápidamente. www.carloshidalgo.es

Resistir es vencer

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  20/03/2022 Resistir es vencer Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito. Este anuncio se publicó en 1907 en The Times. Respondieron 5.000 aspirantes. De todos los candidatos, el explorador Ernest Shakleton seleccionó a 27 hombres junto a los que zarpó a bordo del Endurance, un bergantín de tres palos, que fue localizado la semana pasada a 3.000 metros de profundidad. Cuando, tras una larga travesía, el navío estaba llegando a la Antártida, el anuncio publicado empezó a mostrar su sinceridad: el barco quedó atrapado por la banquisa, siendo triturado por la presión del hielo. Los 28 hombres de a bordo, salvaron lo poco que pudieron para continuar andando sobre el hielo tirando de un bote salvavidas. El nuevo objetivo pasaba por llegar a isla Elefante. Allí se decidió que algunos se quedarían, con la única misión de seguir con vida, y que los más valientes se embarcarían en el pequeño bote en busca de una isla habitada para pedir ayuda. Cuando llevaban 16 días de travesía, al límite de sus fuerzas, divisaron la isla San Pedro y desembarcaron en ella (pero en la parte deshabitada). Tras andar 40 horas, encontraron un barco que les devolvió a Isla Elefante para rescatar a los que se habían quedado. Todos regresaron a Inglaterra sanos y salvos. Este extraordinario caso de supervivencia, demuestra el valor del trabajo en equipo y el poder del liderazgo para el logro de los objetivos más difíciles. Aunque la resiliencia suele considerarse un rasgo inherente a la personalidad, hay estudios que demuestran que es una característica que se puede aprender. Las personas pueden adoptar conductas, pensamientos y acciones que ayuden a desarrollarla. Primero la pandemia y ahora el conflicto bélico nos obligan a ser resilientes, porque nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que queda. www.carloshidalgo.es

El (mal)hábito de compararse

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  13/03/2022 El (mal) hábito de compararse Toda comparación es odiosa, escribió Miguel de Cervantes en El Quijote. Odiosa o no, lo cierto es que deteriora la autoestima y obstaculiza la felicidad, debido a la tendencia que hay a exacerbar el valor del otro mientras minimizamos nuestras capacidades. El motivo que impulsa a compararse con los demás es buscar aquello que nos gustaría tener o alcanzar, pero con frecuencia, esto hace que infravaloremos lo que ya hemos logrado, desdeñando nuestros propios éxitos. Además, es injusto, pues al compararnos lo hacemos solo con retazos o fragmentos de realidad sacados de contexto, realizando un análisis simplista y equivocado. Cada uno tiene sus límites, su entorno, sus medios, sus capacidades y su lastre, lo que hace imposible poderse comparar en igualdad de condiciones. Por eso, las comparaciones que se hacen con tanta frecuencia son sesgadas, puesto que nos fijamos solo en un atributo (el más destacado), que suele ser un anhelo nuestro, dándole probablemente más valor del que tiene. Cada ser humano tiene sus virtudes y defectos, unos brillan en unas cosas y otros en otras, por lo que la única comparación válida es con respecto a uno mismo. Nunca deberíamos compararnos con nadie porque lo único que conseguimos es dañar el amor propio, ocasionando consecuencias muy negativas para el equilibrio psicológico y el bienestar emocional. Pero como en toda regla, hay una excepción. Compararse con los demás nos puede servir como fuente de inspiración para nuestro estilo de vida o para algún aspecto en concreto, siempre que seamos capaces de hacerlo con algún referente únicamente para inspirarnos. Así, una comparación bien enfocada puede ser un aprendizaje positivo. En este punto conviene puntualizar que el cerebro busca la coherencia, por lo que la actitud es muy importante. Si partimos de la idea de que somos peores que los demás, buscaremos señales que confirmen esta idea. Por el contrario, si pensamos que somos personas genuinas, nos compararemos para aprender. www.carloshidalgo.es

Vladimir Putin

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  06/03/2022 VLADIMIR PUTIN Cuando todo indica que se le está ganando la batalla a la pandemia, el aspirante a Zar ruso parece haber retrasado las manecillas del reloj al 1 de septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia. Y, como aquel entonces, cientos de miles de personas sufrirán unas consecuencias atroces a todos los niveles, pues no hay mayor ejemplo de maldad que lo que pasa en una guerra. Encoge el corazón ver a un sinfín de familias cruzar los vastos campos de Ucrania hacia Polonia, Moldavia y Hungría en busca de paz. El hecho de tener que abandonar el hogar, para salir hacia lo desconocido, es un trauma muy difícil de superar, pues es un cambio impuesto por la fuerza. El temor es una de las emociones que más atormentan al ser humano, soliendo aparecer cuando existen cambios imprevistos. Esa incertidumbre emocional se convierte en una pesadilla, porque la situación es ambigua y el individuo debe afrontar lo ignoto. La realidad es que, en un conflicto bélico, el 80 % de víctimas son civiles. Se sabe también, que un 20 % de la población desarrollará Esquizofrenia y/o Depresión, y que un 30 % padecerá un Trastorno por estrés postraumático. Y todo por el afán expansionista de un narcisista, despótico y ególatra llamado Vladimir Putin, la personificación del mal. Carente de empatía, busca el poder por encima de todo y de todos, despreciando al los demás, satisfaciendo así sus instintos más primarios. Antiguo espía del KGB, con un fuerte poder mental para el autocontrol, tiene una personalidad imposible de dominar por su frialdad y distanciamiento emocional. La gente que le conoce dice que es un hombre sin alma, que nunca tiene suficiente y que siempre quiere más, fundamentalmente porque considera que se lo merece. “Tengo la sensación de que conseguiré todo lo que quiero”, Vladimir Putin dixit, frase igualmente aplicable a Hitler, Stalin y Pol Pot, el trío de sanguinarios del siglo XX. www.carloshidalgo.es

Centennials

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  27/02/2022 CENTENNIALS Boomer, X, Millennial, Centennial, son diferentes términos para etiquetar a los nacidos en un lapso de tiempo concreto (una generación) y a los que se atribuyen ciertas creencias y conductas compartidas. Obviamente, esto es una acepción general, que no identifica a un individuo en concreto, pero que sí que sirve como guía sobre las creencias y valores que han influido en su personalidad. La llamada Generación Boomer, caracterizada por la confianza en sí mismos y en sus habilidades, se produjo entre 1950 y 1964, cuando la bonanza económica permitió un aumento de la natalidad. Más tarde vino la Generación X, nacidos entre 1965 y 1980, destacando por su capacidad de equilibrar el trabajo y el solaz. La herencia la ostentó la Generación Y o Millennials, nacidos entre 1981 y 1996, primera en pasar gran parte de su juventud en Internet. Se les considera versátiles y con gran capacidad de adaptación. Por último, la Generación Y o Centennials, nacidos entre 1997 y 2012, son nativos digitales por excelencia. No conocen un mundo sin pantallas, ni redes sociales, siendo activistas, inclusivos y con conciencia ambiental. El declive de las generaciones posteriores siempre ha sido algo a lo que los mayores han recurrido para menospreciar a los jóvenes. Pero investigaciones recientes han confirmado que la realidad es que hay una tendencia general a zaherir a la juventud, debido a que se produce un sesgo de memoria por la cual uno proyecta (erróneamente) cualidades que tiene hoy en día, en su juventud pasada. Como si lo maduro y responsable que se es en la actualidad, fueran virtudes que se tenían cuando uno era joven. Y eso es una injusticia, pues se parte de la superioridad que otorga la experiencia de haber vivido más años. Quizás sería más justo pensar que simplemente los valores cambian, así como también cambia la manera de expresarlos. Los jóvenes necesitan modelos, no críticos, que les inspiren hacer mejor las cosas. www.carloshidalgo.es

La edad de la ira

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO   Artículo de opinión  20/02/2022 LA EDAD DE LA IRA Mi madre me dijo que era un vago y que me iba a quitar la consola. Subí a mi habitación, me puse a pensar y cogí la escopeta. Le disparé dos veces en la cocina. Mi hermano intentó escapar, pero salí detrás de él y lo cacé. Esperé a mi padre cuatro horas y le disparé al llegar. Esta es la escalofriante confesión de Santi, el parricida de 15 años de Elche que mató a toda su familia cuando su madre le cortó la wifi, por haber suspendido cinco asignaturas y negarse a realizar tareas en el campo. Tras la masacre, decidió llevar los cuerpos al cobertizo, excusó su ausencia de clase fingiendo que se había contagiado de COVID-19 y se pasó tres días haciendo lo que más le gusta: jugar a Fortnite. Por lo que se ve, no ha mostrado ningún signo de arrepentimiento, manteniendo una actitud de frialdad absoluta. Esto nos lleva a pensar que estamos ante un joven con rasgos psicopáticos claros. La psicopatía es un trastorno antisocial de la personalidad cuyos principales rasgos son la falta de remordimiento, el narcisismo elevado y la incapacidad para sentir empatía. No obstante, diagnosticar la psicopatía en adolescentes presenta ciertos problemas, ya que esta condición supone un patrón definitivo y estable de personalidad, cuando ésta aún se encuentra en pleno desarrollo, por lo que lo más justo sería hablar de un trastorno disocial. Resulta curioso que el parricida estuviese leyendo el libro “La edad de la ira”, cuyo argumento versa sobre la investigación, por parte de un periodista, del crimen de un adolescente, aparentemente bien integrado, que asesina a su padre y deja malherido a su hermano. Puede que fuera adicto al Fornite o que estuviese enfrascado en la lectura del libro, pero seguro que no ha cometido estos crímenes por ello. Debe existir alguna psicopatología previa, pues ese es el factor que discrimina entre quien mata y quien no. www.carloshidalgo.es

San Solterín

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión  13/2/2022 San Solterín Hoy es 13 de febrero, víspera de San Valentín y fecha escogida por los que no tienen pareja para celebrar su día (San Solterín), reivindicando que se puede ser feliz sin necesidad de tener una relación sentimental. A pesar de que es innegable el hecho de que el amor provoca una auténtica revolución hormonal a nivel fisiológico, junto a un estado de satisfacción absoluto, también es cierto que es posible encontrar la felicidad mientras se está soltero. Con frecuencia se nos infunde la idea de que solo se está completo cuando se ha encontrado la “media naranja” o la otra mitad. Es como si permanecer soltero a cierta edad implicara ser raro o tener alguna tara. Pero la realidad es que el ideal de matrimonio muchas veces ni es tan ideal, ni nos puede hacer feliz por sí mismo, porque la felicidad no un sentimiento que brote del exterior, sino de nosotros mismos. Puesto que el tener pareja no es una garantía de sentirse pleno o acompañado, poco a poco la soltería se empieza a ver más como un estilo de vida, que como una situación de desdicha y tristeza. Es más, un reciente estudio asegura que las personas solteras son más proclives a crecer a nivel personal, que las que están casadas. En este punto conviene diferenciar si se está sin pareja por elección o por obligación. Evidentemente, las personas que están solteras por imposición, suelen experimentar malestar y sentimientos de frustración e impotencia, lo que puede conducirles a la búsqueda febril de su par. Sea como sea, aprender a estar solos, con nosotros mismos, es la clave para ser feliz, se esté o no emparejado. El amor no tiene que ser una necesidad, pues esto crearía una dependencia que, al final, podría destruir el mismo amor. Una pareja tiene que ser una decisión, alguien que sume, no que reste. En definitiva, un complemento, no un menester. www.carloshidalgo.es

La burbuja de las startups

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO  Artículo de opinión   6/2/2022 La burbuja de las Startups En 2011, el castellonense Pep Gómez, con tan solo 19 años, fundó FEVER, una plataforma de gestión de eventos culturales y de ocio. Ahora, se ha convertido en un “unicornio”, lo que en lenguaje startup significa que está valorada en más de 1.000 millones de dólares. Se denomina Startups a las empresas de nueva creación, principalmente en el campo tecnológico, que nacen de una idea pequeña para intentar ser un proyecto rentable. Estas compañías basan su desarrollo en la creatividad y la innovación, con el fin de realizar productos únicos y competitivos, presentando grandes posibilidades de crecimiento de una manera más rápida y eficiente que las tradicionales Pymes. Suelen ser consideradas empresas de capital-riesgo por lo que atraen a inversores que buscan una gran ganancia en un periodo corto de tiempo. Pero, la realidad es que la posibilidad de montar una startup y tener éxito es extremadamente baja: 9 de cada 10 no llegan al tercer año de vida. El auge del discurso emprendedor en España comenzó en los peores años de la crisis. Ante unos datos de paro desastrosos y la falta de certeza sobre el futuro, las empresas fomentaron la idea de que ya no había que ser rico, ni tener “apellido”, para hacer dinero con rapidez. Sin embargo, en el relato todo parece demasiado bonito como para que esté realmente ajustado a la verdad, y muchos jóvenes acaban siendo víctimas de su propia fantasía. Se conoce como emprendeudores a los jóvenes que se aventuran utilizando sus ahorros y los de su familia y, antes de los 3 años, no tienen ni ahorros, ni familia. Y es que muchas veces el sector se empeña en ofrecer una imagen demasiado edulcorada, donde los casos de éxito, que son los menos, eclipsan la realidad. No todo el mundo trabaja en un garaje, se le enciende la bombilla y transforma el mundo. Steve Jobs solo hubo uno. www.carloshidalgo.es