CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

El origen de la empatía

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO Artículo opinión 2/4/2023

El origen de la empatía

En general, los científicos son reacios a atribuir a los animales sentimientos similares a los de los humanos. Pero, a fuerza de evidencia empírica, van aceptando que muchos animales experimentan estados de ánimo similares a las personas. Así, un reciente estudio ha demostrado que un pez (en concreto el pez cebra) puede detectar el miedo en otro pez, y entonces atemorizarse también. Esta especie de transmisión de sensaciones está controlada por la oxitocina, la misma sustancia química cerebral que es fundamental para que se produzca la empatía entre los humanos. El estudio también mostró que los peces cebra estuvieron más atentos y cercanos a los peces que estaban más estresados, una conducta equivalente a procurar alivio y consuelo. Este hecho ya fue demostrado años antes en los primates, por lo que nuestra capacidad para preocuparnos por otros podría tener unos orígenes antiquísimos, se calcula que unos 450 millones de años. Y es que la forma más elemental de empatía es el miedo contagioso, un aspecto muy valioso para mantenerse con vida, en caso de que algún miembro del grupo detecte algún peligro. Por lo tanto, cuando se descubre una amenaza, este fenómeno permite que el miedo se propague rápidamente, aumentando las posibilidades de supervivencia de un grupo. Además, al imitar las emociones, se establecen vínculos sociales con los demás. Por eso, cuando alguien nos sonríe, tendemos a devolverle la sonrisa, de la misma forma que si pasamos tiempo con alguien que está irritado o triste, terminamos absorbiendo esas emociones negativas. Esta tendencia a alinearse con las emociones de los demás se llama contagio emocional. No podemos perder de vista que hay que ser empático, pero dentro de unos límites, porque, a menudo, nos encontramos con situaciones en las que debemos decidir entre nuestras preferencias o las de otra persona. Y tener una empatía ajustada permite valorar nuestras prioridades en el mismo plano que las de los demás, porque tanto el defecto como el exceso de empatía es perjudicial para nuestra salud mental. www.carloshidalgo.es

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