CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

Cruzar el Rubicón

CRUZAR EL RUBICÓN Durante ocho años (del 58 al 50 a.C.), Julio César sometió al dominio romano buena parte de las actuales Francia y Bélgica, realizando también incursiones en Britania y Germania, destacando como un general contundente y agresivo. Su método en las operaciones militares era siempre el mismo: encontrar al ejército enemigo y destruirlo. Sin más. Excelente motivador, capaz de conseguir que sus hombres se entregasen en cada tarea, ya fuese una marcha, un asedio o una batalla, nunca sufrió una derrota. Pompeyo, celoso de los éxitos de César en la Galia, consiguió que el Senado no le nombrara Cónsul, mientras le prohibía la vuelta a Roma. Pero Julio César decidió a marchar sobre Roma con la intención de derribar a Pompeyo. El río Rubicón tenía especial importancia en el derecho romano porque a ningún general le estaba permitido cruzarlo con su ejército en armas, al ser la frontera entre las provincias romanas y la Galia, para que así Roma quedara protegida de amenazas militares internas. En el camino de vuelta, sus generales le preguntaban inquietos que iba a hacer cuando llegase al Rubicón, a lo que Julio César contestó: “Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente”. Lo dijo como una forma de instruir a sus generales, para que aprendieran a concentrarse en los problemas presentes, intentando que enfocaran su atención a la resolución de los problemas del día, y no en el futuro. Una forma de utilizar el Mindfulness, pero 20 siglos antes, consistente en estar atento de manera intencional a lo que hacemos, poniendo atención de manera consciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación Porque, con frecuencia, tendemos a adelantar acontecimientos olvidándonos que el 90 % de las cosas que nos preocupan nunca ocurren, sacrificando el presente, pensando en el futuro. Estamos mal acostumbrados a mirar por dónde vamos a pisar, en vez de fijarnos en nuestras propias pisadas. www.carloshidalgo.es

El personal sanitario

El personal sanitario Que duda cabe que la pandemia está teniendo una repercusión muy importante en la salud de mental de todos, pero si hay un sector especialmente afectado es el personal sanitario. Si bien el desgaste físico para este colectivo está siendo absoluto, su salud mental también se está viendo damnificada. Un reciente estudio arroja unos alarmantes resultados. El 48% de los sanitarios españoles, casi uno de cada dos, presenta un riesgo alto de padecer algún tipo de trastorno mental. Los que ya han sido diagnosticados están afectados de depresión (30 %), de ansiedad (25 %), de estrés (25 %) o de abusos de sustancias (20 %). Un síntoma común entre ellos es la preocupación y rumiación constante por el miedo a la infección (tanto a infectarse ellos mismos como a llevar a casa la infección), al colapso de los hospitales y a la falta de protección, lo que les lleva a padecer insomnio y desasosiego. El desconocimiento general, la falta de material de protección, el incansable goteo de infectados y las “situaciones de guerra”que están pasando durante tanto tiempo, les está llevando ala extenuación. Y, si ya es preocupante la alta prevalencia de los trastornos mentales entre ellos, no lo es menos el porcentaje de sanitarios que tienen conducta autolítica, pues se calcula que un 15 % tiene ideación suicida, mientras que un 5 % lo han intentado. Este aumento del riesgo de suicido se explica en parte por la presión sufrida por los centros sanitarios, en términos de coordinación y personal durante todo el tiempo, pero especialmente en los picos de las tres olas. Y es que las dimensiones de esta pandemia no tienen parangón ni en densidad, ni en tiempo, ni en características. Agradecer es la mejor forma de expresar gratitud. Por lo tanto, gracias por estar ahí. Porque nunca es demasiado el reconocimiento a quien no nos abandonó en los peores momentos. https://www.carloshidalgo.es/

teorias conspiratorias

 EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO                    Artículo de opinión         10/01/2020 Teorías conspiratorias Jake Angeli también conocido como el “Lobo de Yellowstone”, se ha convertido en una de las figuras más representativas de la incursión violenta al Capitolio. Con piel y cuernos de bisonte, sin camisa, con la cara pintada con los colores de Estados Unidosy enarbolando la bandera del país, el activista se hizo pasar, en el asalto, por un líder en defensa de una idea conspirativa como es la de QAnon. Esta es una teoría de conspiración (completamente infundada) que dice que Donald Trump está librando una guerra secreta contra unos adoradores de Satanás que gobiernan Estados Unidos en la sombra y que defienden una red de pedófilos, que utiliza sangre de niños para crear ciertos químicos. Ahí es nada. Las teorías conspirativas suelen ser marginales y no tardan mucho en desinflarse, pero esta ha crecido al vivir su referente en la Casa Blanca (hasta la próxima semana). Es evidente que el apoyo de Trump no puede bastar para entender el aumento de seguidores de QAnon. Los que apoyan la teoría comparten un perfil psicológico dado al pensamiento conspirativo y a percibir patrones “ocultos”, lo que les hace sentirse con cierta superioridad sobre los que aún no se han percatado de la “verdad” y siguen con la venda en los ojos. Las personas conspiranoicas no tienen ninguna enfermedad mental, pero sí rasgos que las hacen proclives a creer que conocen un secreto, negado a la mayoría, que les hace especiales. La realidad es que es importante fomentar el espíritu crítico y entender que existe información fiable y otra que no, por lo que hay que reflexionar antes de creer y compartir cierta información. Porque tener acceso a ella no implica tener mejor capacidad para filtrarla. Y así, se acaba creyendo que, Hitler, JFK y Elvis siguen vivos, que la tierra es plana, que no se ha llegado a la luna o que los dinosaurios ayudaron a construir las pirámides. www.carloshidalgo.es

Nuevo año

 EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO                    Artículo de opinión         10/01/2020 Nuevo año  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO                    Artículo de opinión         10/01/2020 Nuevo año Para la mayoría de personas iniciar un nuevo año significa la posibilidad de hacer un reinicio en la vida que permita poner en marcha objetivos y proyectos que el año anterior se quedaron solo en intenciones. Cierto es que dejamos atrás un año singular, baldío y odioso para unos, pero revelador, sobre nuestras debilidades y fortalezas, para otros. En este punto, lo primero que deberíamos hacer es repasar lo aprendido en 2020 para comprender que, muchos de los momentos que hemos experimentado, nos dejan una lección de vida al desarrollar valores tan importantes para la felicidad como el agradecimiento, la esperanza, la paciencia y la solidaridad. Y todo esto se ha producido por la principal fortaleza que tenemos los seres humanos para sobreponernos a la adversidad: la actitud. Sin importar los propósitos que nos planteemos este año, la felicidad va a depender en gran medida de la actitud que tengamos. Porque una persona feliz no tiene un determinado conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes, que no es otra cosa que la manera en que reaccionamos ante la vida. Una de las acciones cotidianas a practicar para tener una actitud positiva es sonreír. El gesto de sonreír acciona 12 músculos faciales generan la activación de los neurotransmisores de la felicidad: dopamina y serotonina. Valorar lo que tenemos y no estar centrados en lo que nos falta es otro acto a trabajar siendo agradecido y viviendo con gratitud. Existen dos clases de gratitud: la condicional y la incondicional. La primera consiste en sentirse bien cuando las cosas salen como uno espera. Pero como no siempre es así, acaba siendo una emoción fugaz y pasajera. La segunda es tener el hábito de agradecer sin ocurrir nada especial, estando agradecido por todo y por nada a la vez, incondicionalmente. Porque ser agradecido es entrenar a la memoria para recordar a quien nunca se olvidó de nosotros. Así que, gracias por leerme los domingos. www.carloshidalgo.es

Fatiga pandémica

Fatiga pandémica El concepto defatiga pandémicase utiliza para describir la tendencia de las personas a cansarse de las pautas, reglas y protocolos que se imponen ante cualquier alarma. La que se está generando para evitar la propagación del Covid-19 se le conoce con el largo nombre de fatiga conductual, pandémica, de emergencia, pública y de adherencia. Esta fatiga se caracteriza por el padecimiento de estrés, ansiedad, cansancio y desesperanza, emociones que parecen haberse adueñado de gran parte de la población española, después de más de 9 meses de restricciones y confinamientos, pasando de la responsabilidad y la concienciación del principio, a la desmotivación, apatía y hartazgo actual. Esta “fatiga pandémica” ha ido calando poco a poco, en la mayoría de la gente, con el paso del tiempo y la persistencia de las medidas, provocando que se reduzca la percepción del riesgo sobre la gravedad de la enfermedad en caso de contagio, lo que ha acarreado una caída en la adhesión a las medidas preventivas como el lavado de manos, la distancia de seguridad, el evitar tocarse ojos, nariz o boca, o reducir las reuniones sociales. Es un hecho comprobado que el ser humano, cuando se hastía de cumplir reglas pesadas y difíciles de seguir, paulatinamente se va relajando en las medidas, realizando conductas de mayor riesgo. Aún con todo, esta “fatiga pandémica” no debe convertirse en una forma de legitimar la desobediencia a las recomendaciones y las restricciones aprobadas por las instituciones. A pesar de ser comprensible la frustración por parte de la población ante esta situación tan incierta y compleja, esto no puede ser una excusa para bajar la guardia y no cumplir las normas pues, en puertas de la Navidad, esta relajación en el cumplimiento de las normas puede precipitar una tercera ola. Y, como ha sucedido siempre, si seguimos luchando juntos de manera solidaria evitaremos un yoyó de confinamientos y, cuando nos abracemos de nuevo, lo haremos con mas fuerza. www.carloshidalgo.es

el arte de kintsugi

 EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO             Artículo de opinión     13/12/2020 El arte del Kintsugi El kintsugi, traducido poéticamente como “carpintería dorada”, es el arte tradicional de reparar piezas de cerámica rotas con resina espolvoreada con oro, plata o platino. En lugar de usar un pegamento discreto, los artesanos utilizan un esmalte especial que da como resultado unas hermosas “costuras” que hacen que las grietas de la pieza brillen, dándole un aspecto único. Este arte nace en Japón, en el siglo XV, cuando el shogun (general nombrado directamente por el emperador) Ashikaga Yoshimasa, envió a China dos de sus tazones de té favoritos para ser reparados. Los tazones volvieron reparados, pero con unas feas grapas de metal que los volvían toscos y desagradables a la vista. El shogun se disgustó y buscó artesanos japoneses que hicieran una reparación que fuera agradable a la vista, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas convertida en arte pues, al terminar el proceso, la pieza vuelve a la vida con unas bellas cicatrices. La técnica fue tan apreciada que se acusó a gente de romper la cerámica aposta para luego repararla con dicho método, dándole así un nuevo valor pues se aprecia mas una pieza reparada que una que nunca se rompió. Metafóricamente, el kintsugi es también una filosofía de vida que argumenta que las cicatrices forman parte de nuestra vida, nos hacen únicos y definen nuestra identidad, por lo que no hay que ignorarlas, esconderlas o disimularlas. Aplicada a la vida cotidiana, cada golpe, cada desdicha, cada contrariedad superada nos aporta valor convirtiéndonos en mejores personas. Debemos aceptarnos como somos, con nuestros desperfectos y heridas, pues las cicatrices también son parte de nuestra historia. En esta filosofía, en lugar de que un objeto roto deje de servir, su función se transforma en un mensaje activo pues la herida pasa de ser un trazo de oscuridad a ser una ventana de claridad. Porque todos tenemos alguna grieta y, muchas veces, es por ahí por donde entra la luz. www.carloshidalgo.es

14 días de felicidad

14 días de auténtica felicidad En la historia, pocas personas han sido tan poderosas e inteligentes como el califa Abderramán III. Con 70 años, en el lecho de muerte, dejó escrito lo siguiente: «He reinado cincuenta años en Córdoba. Amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situación he anotado los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce, y no todos seguidos”. Vivió entre el lujo y los placeres mas de 25.000 días, pero sólo 14 plenos de felicidad. Fundó Medina Azahara, amplió la mezquita, promovió el arte, la cultura y la medicina hasta tal punto que, cuando murió en el 961, Córdoba era un califato que dominaba casi toda la península ibérica, parte del Magreb y del mediterráneo. Pero no fue feliz. Hoy se sabe que padecía un tipo de depresión de aparición tardía, llamada melancolía involutiva, en la que predomina la tristeza, la melancolía y la incontinencia emotiva (incapacidad de hablar sin llorar). Lo cierto es que todos perseguimos la felicidad, pero pocos la consiguen, tan sólo los que se centran en el presente. Vivir el presente es algo que todos queremos, sin embargo, le damos mas importancia al pasado y al futuro. Por un lado, tendemos a pensar que el pasado siempre fue mejor, distorsionando los recuerdos. Por otro, tenemos la esperanza de que el mañana será mejor, cometiendo el error de poner condiciones a la felicidad. Nunca se debe pensar en la felicidad como una meta, pues esto es efímero, mas bien se tiene que ser feliz en el camino. Por eso, una clave para la dicha reside en el hecho de ser conscientes del ahora. Los niños no piensan ni en su pasado, ni en su futuro, por eso gozan del presente, y son felices. www.carloshidalgo.es

La campana de la esperanza La campana de la esperanza La campana que mejor suena del mundo está en el jardín interior del Hospital Provincial de Castellón. Los pacientes de oncología del citado Hospital la han bautizado con el nombre de la campana de la victoria o de la esperanza. Cuando un enfermo finaliza el tratamiento oncológico toca la campana con el brío, regocijo y la intensidad propia de quien ha recibido una segunda oportunidad en la vida. La campana se instaló hace mas de un siglo para anunciar la llegada de un nuevo paciente a los empleados del centro sanitario, en un tiempo en que las comunicaciones no eran las actuales. Ahora, ha adquirido un cometido esperanzador para los demás enfermos sirviendo de motivación para los que siguen en la lucha. En España cerca de 280.000 personas están diagnosticadas de cáncer y mas de la mitad (el 53 %) lo superan. Simbólicamente, el sonido de la campana es el pistoletazo de salida para reincorporarse de nuevo a la vida de manera plena y activa, después de haber pasado, posiblemente, por el peor momento de su vida. Esta vuelta a la cotidianidad, desde el punto de vista emocional, suele ser lo más difícil debido a la aparición del miedo y la ansiedad. Convivir con el torrente de emociones que ha desencadenado esta enfermedad precisa, en muchos casos, de atención psicológica especializada. De hecho, mas de un 70 % utiliza los servicios de psicología especializados en oncología. Uno de los objetivos del psicooncólogo es dotar de habilidades y recursos a las personas que están en este proceso tan complicado, para ayudarles a gestionar emocionalmente esta situación. Su función va desde intentar el control del estado de ánimo a la solución de problemas, mientras se intenta mantener y recuperar la calidad de vida, disminuyendo el sufrimiento. Porque, aunque hay cosas que no podemos cambiar, pero sí la forma en las que las nos enfrentamos a ellas y las vivimos. www.carloshidalgo.es

El arte de saber perder

El arte de saber perder Un buen líder sabe ganar y perder. Hace 12 años John McCain (candidato republicano), con distinción y buen gusto, felicitó a su contrincante Barack Obama por la victoria en las elecciones mientras le confesaba su admiración. Donald Trump en cambio, no sólo no ha felicitado a Biden, sino que se niega a validar el resultado electoral tachándolo de fraude, mientras promete acudir a los tribunales, extendiendo así dudas sobre la legitimidad del proceso electoral. Ya durante el recuento hizo gala de su radical postura cuando exigió que se paralizase el proceso diciendo que sus votos eran legales y los de su contrincante no. Es mas, llegó a autoproclamarse presidente a través de su perfil de Twitter, canal que siempre que utiliza a menudo y que ha tenido que censurarle alguno de sus mensajes por faltar a la verdad. Pocas escenas son más lamentables que ver a un mal perdedor fuera de sí, sin saberse contener, sin asumir su derrota y cumpliendo los criterios de un trastorno narcisista de la personalidad: arrogancia, soberbia, necesidad de adulación, seguir un patrón de grandiosidad, impulsividad, engreimiento, imprudencia e intolerancia a la frustración. Trump se considera único es su especie y mejor que todos los demás y, como tal, sólo le importa él mismo y actuar en su propio beneficio. Hay un dato en el que también va a destacar: de los 27 presidentes del último siglo, es uno de los cinco que no han podido repetir mandato. Ahora, aferrado al trono, adopta una postura querulante presentando una reacción hostil y reivindicativa, sin aportar prueba alguna, por considerarse agraviado, haciendo que parte de sus seguidores se manifiesten incluso armados. Trump, desde su particular Olimpo, no sabe que la fortaleza consiste en soportar y resistir las adversidades con firmeza y serenidad, siendo humilde en las victorias y elegante en las derrotas, dejando que hablen los demás. Imposible para un ególatra. www.carloshidalgo.es

Los buenos recuerdos

Los buenos recuerdos Las últimas investigaciones demuestran que una parte importante de nuestra felicidad depende de la relación que tenemos con nuestro pasado, de los recuerdos que guardamos de aquello que sucedió y de la capacidad para construir un relato positivo de nuestra propia vida. Parte de esto tiene que ver con el hecho de que la memoria trabaja como un músculo. Si uno piensa constantemente en los momentos en los que no ha sido feliz o habla continuamente de sus desgracias, de alguna manera está fortaleciendo esos momentos al reforzar las conexiones neuronales que componen ese recuerdo. Y, por la misma regla de tres, si se evocan experiencias felices y momentos buenos, se consolidarán las conexiones neuronales implicadas en ese proceso haciendo que trabajan mas las neuronas que componen ese recuerdo feliz. De ahí lo importante de hablar mas de las experiencias felices y de los momentos buenos que de las desventuras. Existen dos factores que pueden potenciar la creación de recuerdos memorables que aporten bienestar y contento a nuestra vida. El primero sería intentar sacar provecho del poder de las primeras veces. Al parecer el 25 % de los recuerdos proceden de experiencias nuevas pues la novedad garantiza durabilidad Y, dado que se recuerdan mejor los días en los que se hizo algo diferente, uno de los ejercicios para construir recuerdos felices sería realizar cosas nuevas como ir a algún lugar donde nunca se haya estado. En definitiva, algo que nos saque de la cotidianidad y active las emociones. El segundo factor sería implicar a la mayoría de los sentidos. Dado que las cosas se recuerdan por asociación, cuanto mas sentidos se involucren en la actividad mejor, más vívido será el recuerdo. Gusto, vista, olfato, tacto, oído …, en definitiva, percibir la vida con los cinco sentidos. Crear recuerdos felices, basados en experiencias emocionantes marcadas con nuestro rotulador fluorescente “emocional” puede ayudarnos en los momentos adversos de la vida. www.carloshidalgo.es