CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

El lado negativo del optimismo

El lado negativo del optimismo El optimismo se puede definir como una forma de pensamiento positivo, que incluye la creencia de que uno es responsable de su propia felicidad, y que siempre nos van a pasar más cosas buenas que malas. Es evidente que una tendencia al positivismo es buena, pero con matices. Es lo que en psicología se llama la paradoja de Stockdale. Esta paradoja toma el nombre del Almirante estadounidense James Stockdale, el prisionero de mayor rango durante la guerra de Vietnam, quien estuvo encarcelado en condiciones pésimas durante 8 años siendo torturado en 20 ocasiones. Pese a todo, sobrevivió. Mientras estuvo en cautiverio se percató de que los prisioneros que menos probabilidades tenían de sobrevivir eran los que tenían un optimismo exacerbado. Estos solían repetirse, en un exceso de optimismo, que para Navidades estarían en casa. No obstante, en cuanto pasaba esa fecha se iban deprimiendo, bajaban los brazos e incluso fallecían. Sin embargo, aquellos prisioneros que, aunque mantenían la esperanza, eran realistas con la situación y aceptaban el horror que estaban viviendo, fueron los que sobrevivieron. Esto pasa porque un optimismo ingenuo da lugar a una falsa esperanza lo que, unido a los repetidos desengaños, termina llevando a la persona a una desilusión total y a un agotamiento físico y emocional. Ahora que se vuelve a las aulas con más de 70 % de la población vacunada, tanto los medios de comunicación, como los responsables políticos pueden optar por insuflar un elevado optimismo con respecto a la salida de la pandemia. Pero establecer fechas sobre el regreso a la normalidad es peligroso porque, dada la situación actual, tal vez no regresemos nunca o tardemos mucho tiempo en alcanzarla (llevamos 5 olas). En definitiva, los extremos suelen ser peligrosos, dañinos y perniciosos. La única verdad es que el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas. www.carloshidalgo.es

La hipocresía

LA HIPOCRESÍA En 1991 el disco Nevermind de Nirvana salió al mercado y se transformó en un éxito casi inmediato, con 30 millones de copias vendidas. Todo el mundo reconoce su portada con un bebé desnudo sumergido en una piscina, intentando coger un billete de 1 dólar. Aquel bebé acaba de cumplir 30 años y ha tenido la “genial” idea de presentar una denuncia a los ex integrantes y herederos del grupo, acusándoles de pornografía infantil. La demanda sostiene que los acusados se beneficiaron de la comercialización y explotación sexual de Spencer Elden, el bebé hecho ya un hombre, exigiendo una indemnización por los daños que ha sufrido y los que seguirá sufriendo de por vida. Además, también demanda al fotógrafo (Kirk Weddle), amigo de su padre, que fue el que concedió el permiso para la foto, quien cobró 200 dólares por los 15 segundos que duró la sesión. Curiosamente, durante mucho tiempo, Spencer se ha mostrado ufano por aparecer en la portada. Es más, en 2016, cuando el álbum cumplió sus 25 años, se fotografió feliz y dichoso junto al disco. Etimológicamente, la palabra hipocresía proviene del griego hypokrisía, que de manera literal significa “responder con una máscara”. Se puede definir un comportamiento hipócrita como aquel en el que la persona demuestra una incongruencia entre sus acciones y lo que piensa. Como Spencer, que siempre se ha jactado de ser el icónico bebé de la piscina, llevando incluso tatuado en su pecho el nombre del álbum, y en cambio ahora presenta una demanda de 2,5 millones para mitigar su pena. Pero a Spencer se le olvida que la felicidad es interior, no exterior, por lo que no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Una persona auténtica y en armonía es la que es coherente entre lo que piensa y lo que hace. Y es su caso la honestidad, el decoro y la dignidad brillan por su ausencia. www.carloshidalgo.es

Simone Biles

Simone Biles Los Juegos Olímpicos de Tokio han dejado diferentes lecturas, pero sin duda una de las que más ha llamado la atención es el problema emocional sufrido por Simone Biles. La gimnasta norteamericana de 24 años, predestinada a convertirse en la reina de los Juegos, tuvo que renunciar a participar en tres finales individuales (salto, barras asimétricas y suelo) y a la final por equipos, paralizada por un problema de ansiedad. La propia Simone dijo: “Desde que entro al tapiz, estoy yo sola tratando con demonios en mi cabeza”. El suelo es su hábitat, es el elemento donde más cómoda se siente. Tanta es su habilidad, que podría colgarse el oro rebajando la dificultad de sus ejercicios gracias a su destreza y capacidad acrobática. Y con todo, tuvo que abandonar. Y es que la gimnasia artística es diferente a todos lo demás deportes, pues un pequeño fallo de concentración puede acarrear fracturas por una decena de sitios. Otra particularidad de esta disciplina es que las gimnastas alcanzan la categoría sénior a los 16 años, en plena formación aún como personas, con lo que muchas veces tienen que asumir responsabilidades de adulto en plena adolescencia. En una competición como los Juegos Olímpicos, el trabajo realizado durante 4 años se suele decidir en pocos segundos, por lo que una óptima preparación mental es clave para poder conseguir el objetivo. Debido a que el crecimiento de un deportista tiene su base en el entrenamiento físico, la técnica y el trabajo mental, la psicología deportiva se ha convertido en una pieza clave en el deporte de élite. Porque para manejar la presión hay que aprender a controlar los pensamientos y las emociones, pues nada ata más que la mente y nada limita más que el miedo. Simone se ha tatuado en la clavícula: “Y aún así me levanto”, como lema deportivo que habla del esfuerzo que tiene que hacer para superarse día a día. www.carloshidalgo.es

Las parcas

LAS PARCAS El mito de las Parcas (Moiras en la mitología griega), nos habla de tres hermanas que determinaban el destino, tanto de los dioses como de los seres humanos. Ni siquiera Júpiter podía estar por encima de sus designios. Vivían en el Hades o Inframundo, siendo las responsables de fabricar, tejer y cortar el hilo de la vida de los mortales. La más joven, Nona (nombre que procede del noveno mes de gestación), era la encargada de llevar los hilos con los que se cosería el destino de cada persona. Estos eran de tres colores: blancos, negros y dorados. Los blancos correspondían a acontecimientos sin trascendencia, los negros a momentos de aflicción y los dorados a los momentos felices. Luego estaba la segunda en edad, Décima, quién enrollaba el hilo en un carrete midiendo con su vara la longitud de cada uno. Por último, estaba la mayor, Morta (la muerte), que era la responsable de cortar el hilo de la vida con sus largas tijeras de oro, determinando el instante de la muerte, en cualquier momento, sin avisar y sin discriminar por edad, status o poder. La balanza y las tijeras eran sus símbolos. Estas damas aparecían tres días después de cada nacimiento, siendo entonces cuando decidían el destino que tendría cada uno. Durante su trabajo, las Parcas hacían uso de la Rueda de la Fortuna, que es el telar utilizado para tejer los hilos de la vida. Pero, a pesar de que eran las encargadas de marcar el momento de la muerte, dice la leyenda que, si uno realiza buenas acciones durante su vida, ellas suelen dar mas hilo al carrete, pudiendo así aumentar los años de vida. Por lo tanto, aunque nuestra existencia penda de un hilo, hemos de intentar ser buenas personas, incluso con las personas equivocadas, pues buscando el bien de nuestros semejantes, además de alargar la vida, encontramos el nuestro. Platón dixit. www.carloshidalgo.es

La queja

La queja Existía un Monasterio de Cartujos, famoso por sus estrictas reglas, en el que los monjes solo podían decir dos palabras al año. Muchos jóvenes querían ser aceptados, pero solo unos pocos lograban superar el voto de silencio y convertirse en cartujos. Esas dos palabras anuales solo se podían pronunciar durante la comida del día de San Bruno, fundador de la orden. Una vez, entró un joven al convento y al pasar el año dijo sus dos palabras: Comida mala, espetó. Ya veo, le contestó el padre prior. Pasó otro año y el joven cartujo dijo sus dos palabras correspondientes: Cama dura. El padre asintió otra con un ya veo. El tercer año, el joven pronunció: Hace frío. El padre prior volvió a repetir el mismo ya veo de costumbre. El cuarto año, no pudiendo resistir más la situación, el joven dijo: Me voy. A esto, el padre prior, único que podía decir más de dos palabras, respondió: “Sí, mejor que te vayas, porque desde que has llegado no haces más que protestar”. Cuentos aparte, demasiadas veces nos comportamos como el cartujo de la historia, quejándonos continuamente en vez de aprovechar el momento para crear una experiencia positiva. La queja, cuando no da paso a una solución, termina robando energía emocional, tanto de quien la dice como de quien la escucha. El clima, el tráfico, la pareja, los vecinos, las colas, los ruidos, los hijos, los compañeros de trabajo, el ascensor que tarda demasiado y un largo etcétera suelen ser los temas recurrentes del quejica. Es cierto que se puede expresar una disconformidad con el estado de algunas cosas, pero debemos estar pendientes de que ese comportamiento no se convierta en la norma, cerciorándonos de no quedar atrapados en una espiral de quejas que nos conduzca a un victimismo crónico. No olvidemos que, con la mitad de la energía necesaria para expresar una queja, se empieza a construir una solución. www.carloshidalgo.es

El dilema del tranvía

El dilema del tranvía El dilema del tranvía es una vieja disyuntiva ético filosófica que pretende contestar a la pregunta sobre si es lícito dejar morir a un ser humano, para poder salvar a un grupo de personas. El enunciado del problema dice lo siguiente: Imagina que ves un tranvía desbocado y sin frenos, que se dirige hacia cinco trabajadores que están en la vía y que les provocará una muerte segura si llega a alcanzarles. No puedes avisarles y tampoco puedes parar el tren, pero sí puedes accionar una palanca que lo desviará hacia otra vía. Allí hay otro trabajador, pero está solo. ¿Debes apretar la palanca? No hacer nada implicaría dejar morir a los 5 trabajadores, salvando al trabajador solitario. Usar la palanca condenaría a una vida, pero salvaría otras 5 ¿Priva la cantidad de vidas salvadas sobre el derecho a la vida en sí? ¿Sería correcto alejarse de la situación sin hacer nada? La mayoría de la gente contesta que sí, que se debe accionar la palanca. En otra variante del dilema, también clásica, estás situado sobre una pasarela encima de la vía. Podrías arrojar a una persona corpulenta que está a tu lado al tren para detenerlo y así evitar que arrolle a otras 5 que se encuentran inmovilizadas sobre la vía. En ambos planteamientos la intención es la misma: salvar a 5 personas sacrificando a otra. Sin embargo, la acción necesaria para obtener el beneficio es diferente pues no es lo mismo dejar que ocurra que hacer que ocurra. Si el 90 % eligió mover la palanca, menos del 30% de los participantes apoyó el sacrificio del hombre del puente, pese a que supondría salvar cinco vidas. Y es que la mayor parte de la gente cree que no es permisible empujar a una persona, es decir, causar un daño aposta. Estas respuestas muestran que la moralidad humana no se rige por las matemáticas. www.carloshidalgo.es

Amélie

AMÉLIE El fabuloso destino de Amélie Poulain, como reza el título original, cumple 20 años. La extraordinaria película de Jean-Pierre Jeunet, que se repone en los cines este verano, consiguió cinco nominaciones al Oscar, dos Bafta, cuatro César, cuatro premios del cine europeo y un Goya como mejor película europea. El film cuenta pequeñas historias hilvanadas a toda velocidad de las peripecias de la joven camarera Amélie Poulain. Esta no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Nôtre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. A los 22 años, el mismo día que se entera de que Lady Di fallece, descubre que en su baño hay una pequeña caja que contiene juguetes, fotografías y cromos que un niño escondió 40 años atrás. Toma la decisión de buscarlo para entregarle la caja, descubriendo que su objetivo en la vida es mejorar la de los demás, en definitiva, lograr que las personas que están a su alrededor sean más felices. Así, idea toda clase de estrategias para intervenir, sin que los demás se den cuenta, en la vida de varias personas de su entorno (la portera de su finca, la estanquera de su trabajo o su vecino, el hombre de cristal, entre otros). Tres colores definen la película. El verde y rojo, que dominan el vestuario y la ambientación, y el ocre en el plano visual. La psicología del color diría que esos tres colores destacan la personalidad de la protagonista. El verde representando la esperanza, el amarillo relacionado con la alegría y el rojo expresión de la pasión. A pesar de que han pasado dos décadas, basta con escuchar algún acorde de la banda sonora, para recordar de inmediato a la joven parisina de ojos redondos, pelo corto y rostro aniñado que creo tendencia. www.carloshidalgo.es

Superdotado

SUPERDOTADO Laurent Simons, un niño belga superdotado de 11 años, ha conseguido graduarse en Física por la Universidad de Amberes (Bélgica), en apenas nueve meses. Lo ha hecho con un promedio de 9 sobre 10, sobrándole tiempo para completar asignaturas del máster que prevé cursar en el mismo centro. Laurent comenzó Primaria a los cuatro años, accediendo a Secundaria con seis. Completó esta etapa en 18 meses (lo normal es hacerlo en ocho años) antes de entrar en la Universidad con nueve años. Tras nueve meses matriculado en Ingeniería Eléctrica, se vio obligado a abandonar la carrera por una disputa entre sus padres y los profesores. La idea de los padres era que obtuviera el título antes de los 10 años, pero la Universidad planteó que se requería más tiempo para desarrollar habilidades como comprensión, creatividad y análisis crítico. Ante esto, los padres iniciaron negociaciones con otras universidades para que completara la licenciatura en otro centro, decantándose finalmente por Amberes. Una persona superdotada es aquella que muestra una elevada capacidad de rendimiento en el área intelectual y creativa, pero no en la emocional, corriendo el riesgo de padecer estrés psicosocial y aislamiento. El perfil típico corresponde a una persona perfeccionista, con miedo al fracaso y al que su facilidad para aprender, puede llevarle al aburrimiento y la desmotivación. Es una realidad que la sociedad suele rechazar lo que es diferente (por exceso o por defecto), con el daño psicológico que esto acarrea. La mala adaptación que suelen tener en la infancia provoca que cuando se llegue a la adolescencia no tengan habilidades sociales, se encierren en sí mismos y no tengan amigos, lo que da lugar a una exclusión social en la vida adulta, convirtiéndose en un outsider. Por ello, la mayoría necesitan hacer terapia psicológica para aprender a relacionarse, mejorar su autoestima y estructurar su personalidad. Y es que con inteligencia ganas una pelea, pero con sabiduría nunca la tendrás. www.carloshidalgo.es

Amistad y Coronavirus

AMISTAD Y CORONAVIRUS Desde la infancia hasta la senectud, la amistad es un componente fundamental en nuestras vidas, porque los humanos somos seres sociales que necesitamos el cuidado y el afecto de otros para sobrevivir. Tener amigos fomenta el sentido de pertenencia a un grupo, lo cual aporta un gran valor emocional a la persona, ya que estar integrados en nuestro entorno esta directamente relacionado con un aumento de autoestima y motivación. Además, reforzar los lazos sociales provoca que el cerebro libere endorfinas, que alivian el dolor y aumentan el placer. La pandemia ha recolocado a muchos amigos, ayudando a seleccionar las mejores relaciones y escogiendo las de mayor confianza. Diferentes estudios aseguran que, de todos los amigos que tenemos, hay un círculo de alrededor 15 personas, las más cercanas, que son cruciales para la salud física y mental. Y de entre ellos, entre 4 y 5 son verdaderamente imprescindibles. Es importante saber que las amistades verdaderas no pueden confundirse con los conocidos o los compañeros de actividades. Las primeras trascienden en el tiempo, independientemente de la frecuencia con que se vean y de las circunstancias, buenas o malas, pues en la amistad verdadera hay un interés genuino en el bienestar del otro. Esto no quiere decir que las relaciones cotidianas como los compañeros de trabajo o de gimnasio no sean importantes. También son necesarios. Pero no al mismo nivel, pues para que una amistad perdure debe de tener trascendencia, empatía y transparencia, y esto no se consigue con cualquiera. Pese a las dificultades que pueda entrañar, es muy beneficioso para una persona poder depositar la confianza en otros formando un vínculo afectivo. Porque lo esencial en una relación de amistad es la confianza, sentir que podemos ser nosotros mismos o poder confiar un problema o secreto sin ser juzgados. Al fin y al cabo, un amigo es una persona con la que puedes pensar en voz alta. www.carloshidalgo.es

Síndrome cara vacía

Síndrome de la cara vacía Ya ha pasado una semana desde que dejó de ser obligatorio el uso de la mascarilla en espacios abiertos. Llevamos más de 15 meses relacionándonos con la cara tapada circunstancia que nos hace sentirnos como más protegidos. Ahora, volver a vernos las caras al salir a la calle puede traer consigo la aparición del llamado síndrome de la cara vacía. Este, es el conjunto de problemas emocionales que se manifiesta en las personas que se sienten inseguras, cuando no llevan nada que les proteja la cara,ante un posible contagio de coronavirus. “Me puedo contagiar”, “la gente es una inconsciente”, “estoy desprotegido”, son algunos de los pensamientos que se tienen y que son los generadores del miedo, la angustia y la ansiedad. Y este conjunto de emociones, derivados de la cara destapada, terminan con una conducta de evitación, de no querer socializar o de buscar una protección exagerada. Pero el miedo al posible contagio puede que no sea la única razón por la que quitarse la mascarilla genere ansiedad. Estar sin ella, después de más de un año, hace que tengamos que volver a conectar con las facciones de la cara y no con una máscara. Y, en este punto, surgen miedos relacionados a cómo nos verán los demás, ya que en este tiempo hay gente que ha cambiado sus hábitos dejando de afeitarse o de maquillarse, por ejemplo. Incluso puede haber nuevos compañeros de trabajo a los que nunca se les haya visto la cara. Sea por el motivo que sea, es momento de empezar a olvidar un hábito mantenido mucho tiempo, para dar un paso más hacia la normalidad anterior a la pandemia, manteniendo una actitud positiva y sin abandonar por ello la prudencia. Haríamos mal al condenar a los que decidan seguir llevándola, o al pensar que el virus no existe y que no hay contagios. Hay razones de sobra para seguir siendo precavidos. www.carloshidalgo.es