CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

LA AVARICIA

LA AVARICIA¿Qué nos lleva a sucumbir a los placeres prohibidos? San Gregorio Magno (Papa del 590 al 604 d. C.) no solo nos obsequió con el canto gregoriano, sino que también tuvo la gentileza de reunir los siete pecados capitales, agrupándolos en siete categorías comunes del comportamiento humano que propenden a provocar enfrentamientos entre las personas. En la antigüedad, con el fin de encontrar la orientación divina, los filósofos tenían un doble sistema de clasificación: los buenos comportamientos se denominaban virtudes, y los que conducían a malos resultados, vicios o pecados. En la actualidad, los últimos descubrimientos en neurociencia muestran que la gula está relacionada con el sistema de recompensa del cerebro, la lujuria se activa por el olfato y la vista, la ira se desencadena por la amenaza o la frustración, la envidia nace de la comparación con los demás, la pereza nos ayuda a ahorrar energía, la soberbia nos hace sentir superiores y la avaricia nos hace acumular más de lo que necesitamos. En plena tormenta por el “caso Koldo”, o como pasar de ser portero de prostíbulo a millonario, sale a la luz uno de estos pecados capitales: la avaricia. Para la psicología, la avaricia es la incapacidad para controlar o poner freno al deseo, a pesar de que las necesidades básicas estén cubiertas. Éticamente, la avaricia se entiende como un egoísmo desmedido, siendo el único pecado capaz de engendrar otros males como la traición, la alevosía, el robo o la deslealtad. La avaricia, raramente se manifiesta como tal, pues con frecuencia adopta el aspecto de la avidez, de la codicia, del ansia o de la usura. Así, lo que más caracteriza al avaricioso es el interés propio, un egoísmo que nunca se consigue satisfacer. No en vano se dice que, la avaricia, ese afán excesivo de riqueza, para su uso ilícito, inmoderado y/o lucrativo, es como el agua salada: cuanto más se bebe, más sed da. Como dijo Epicuro, si quieres ser rico, no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”. www.carloshidalgo.es

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