CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

“Cuando el zorro llora, cuenta tus ovejas”

Este viejo proverbio árabe nos recuerda que, en el complejo teatro de nuestras relaciones, la vulnerabilidad no siempre es una invitación a la conexión; a veces, es el disfraz más efectivo de quien busca ventaja. Vivimos en una era que valora mucho la apertura emocional, pero esa misma virtud tiene un ángulo muerto peligroso, pues la empatía, siendo una gran fortaleza, si no tiene un filtro de discernimiento, se puede convertir en una grieta de seguridad. El “zorro” moderno no siempre ataca de frente, ni muestra los dientes; a menudo llega con los ojos empañados y una narrativa de injusticias que lo posiciona como la eterna víctima, donde su llanto no es una descarga emocional, sino una táctica de asalto. Mientras nos deshacemos en gestos de ayuda, movidos por la compasión, él está evaluando el valor de nuestros recursos. Es una jugada de asimetría emocional: usar una debilidad fingida para obtener un poder real sobre nuestro tiempo, energía o confianza. Entender esto no debe convertirnos en eremitas, sino en personas con una inteligencia emocional blindada. Cuidar el rebaño, que representa nuestra paz mental, límites e integridad, no es un acto de egoísmo, sino un ejercicio de responsabilidad personal. Se trata de ofrecer nuestro apoyo, sin tener que entregar las llaves de nuestra estabilidad. El zorro llora mucho y llora mejor cuando tiene público; cuando alguien, lo suficientemente ingenuo, ha comprado una entrada para su teatro. Pero recordemos que su objetivo no es el consuelo, sino la distracción. Y no tenemos la obligación de incendiarnos para que otros entren en calor. Porque ser bueno no es lo mismo que ser ingenuo . www.carloshidalgo.es

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