En España la Justicia no es ciega, sino que padece una narcolepsia selectiva. El reciente episodio protagonizado por la Audiencia Nacional y el Molt Honorable Jordi Pujol no es solo una noticia judicial, es la culminación de una obra de arte de escapismo institucional. Tras doce años de instrucción, tiempo suficiente para que un recién nacido llegue a tener acné juvenil, el Estado ha decidido que la biología ha ganado la carrera. La Justicia, capaz de perseguir con saña el olvido de un decimal en la declaración de un autónomo, observa con una calma casi zen, cómo una instrucción judicial bosteza durante doce años. Estamos ante lo que podríamos llamar el Indulto Biológico, una nueva etapa del desarrollo donde el deterioro cognitivo no es una desgracia, sino una brillante estrategia de afrontamiento. Resulta poético, en un sentido macabro, que el arquitecto de un sistema basado en el “porcentaje” (el 3%) termine su carrera pública no con un veredicto, sino con un certificado médico que lo excluye de toda responsabilidad. Este caso es la sesión de choque definitiva para que el ciudadano español termine de interiorizar su indefensión aprendida. En este experimento, el súbdito de a pie recibe descargas eléctricas constantes en forma de multas, inspecciones de Hacienda y burocracia asfixiante, hasta aprender que no hay escape, pues el sistema es rápido, eficiente y punitivo. Sin embargo, a otros Honorables vecinos, se les permite dormir la siesta durante doce años hasta que su biología los vuelve intocables. Desde la psicología esto supone el fin de la motivación para el contribuyente feudatario. Descanse en paz la responsabilidad penal de Jordi Pujol. www.carloshidalgo.es