Vivimos un tanto obsesionados con los superhéroes, pero a menudo olvidamos que llevar una armadura oxidada mucho tiempo, termina por destrozar la espalda. Junio es el mes elegido, a nivel mundial, para la Concienciación de la Salud Mental Masculina. Su objetivo es romper estigmas y promover espacios donde se pueda hablar abiertamente de las emociones y los cuidados psicológicos del hombre. Desde la infancia, el manual invisible del “buen hombre” exige fuerza ciega y silencio estoico, confundiendo la valentía con represión emocional, porque al hombre se le ha esculpido con un molde de acero inflexible. Pero, ¿qué ocurre con todas esas tormentas internas que se ven obligados a guardar en el alma por miedo a no encajar en la sociedad? El destructivo mantra de «los hombres no lloran», ha empujado a generaciones de hombres a esconder la pena en los bolsillos, como si nada pasara. El problema es que, a veces, los bolsillos se rompen y el sistema nervioso colapsa. Porque contener tormentas emocionales, sin dejarlas llover, tiene un costo psicológico devastador. Esa tristeza mal procesada, que se barre apresuradamente bajo la alfombra, acaba mutando en una ansiedad silenciosa oculta tras la fachada. Se les entrena a salvar el mundo, pero se les prohíbe salvarse a sí mismos. Se les pide no caerse, se les dice ¡se valiente!, cuando en verdad quieren esconderse. Y quizás sea el momento de transformar el guion, porque un hombre no pierde valor, ni es menos hombre, por dudar, por sentir miedo o por romperse ante la presión. Porque todo el mundo necesita más ternura y menos exigencia. Y porque a los hombres casi nunca se les escribe bonito. www.carloshidalgo.es