La técnica de los dos caminos
Vivimos obsesionados con tomar la decisión correcta. Ante una encrucijada, nuestra mente se activa en modo de alerta, buscando desesperadamente la opción perfecta que nos garantice el éxito y nos libre de sufrimiento, obsesionándonos con encontrar el camino que venga con garantía de felicidad absoluta y cero remordimientos. Spoiler: esa opción no existe. Desde la psicología cognitiva, se sabe que este perfeccionismo no solo es utópico, sino que es la receta ideal para sufrir la parálisis por análisis. Nos bloqueamos porque creemos que elegimos entre el bien y el mal, cuando en realidad la vida rara vez es tan binaria. Para romper este bucle existe una herramienta llamada la técnica de los dos caminos. El truco psicológico consiste en dar un giro al diálogo interno. En lugar de machacarnos con un angustiante ¿qué elijo?, debemos plantearnos ¿Qué problema prefiero tener? Todas las decisiones conllevan un coste emocional y logístico. Por ejemplo, ante una oferta laboral, si decidimos rechazarla, ganaremos seguridad, pero quizá estemos pagando el precio del estancamiento. Si elegimos cambiar de trabajo, al beneficio de la mudanza se le unirá la ansiedad de la incertidumbre y el estrés adaptativo. Y es que no hay camino libre de espinas. Solo hay que decidir qué problema se prefiere tener, que mochila se está dispuesto a llevar. Al reformular el dilema en términos de gestión de dificultades, la ansiedad disminuye notablemente. El cerebro deja de buscar la opción idílica y empieza a evaluar su capacidad de afrontamiento, dejando de ser una víctima pasiva de las circunstancias. Porquela madurez psicológica no consiste en evitar los problemas, sino en decidir a cuáles nos conviene enfrentarnos. www.carloshidalgo.es