CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

Saberlo todo, cambiar nada

Todos los fumadores leen en las cajetillas que el tabaco mata y, sin embargo, siguen encendiendo cigarrillos. Saben perfectamente lo nocivo que es y, aun así, la mayoría fuma. No es por ignorancia, ni por falta de información, sino porque saber algo, por sí solo, no suele ser suficiente para modificar una conducta, pues la información es una palanca demasiado débil frente a un hábito instalado. En psicología a esta distancia se le llama “brecha entre intención y conducta”. En 2010, Thomas Webb confirmó esta verdad incómoda tras analizar decenas de estudios sobre el cambio de hábitos: las mejores campañas informativas tuvieron un efecto mínimo en el comportamiento real de las personas. Por lo tanto, empeñarnos en repetir el mensaje más alto, con letras más grandes o con dramáticas fotos, son una batalla perdida. La mente humana no funciona como un ordenador que ejecuta una orden de inmediato en cuanto recibe un dato. Los hábitos no se rompen a puñetazos de pura voluntad, sino rediseñando la arquitectura de nuestro entorno. Así, si lo que se quiere es comer mejor, no debemos confiar solo en nuestra disciplina. Es mejor dejar la fruta a la vista y guardar las galletas en el armario más alto. Por lo visto, para transformar de verdad nuestro día a día, la estrategia efectiva no consiste en convencernos con argumentos, ni culparnos, sino en hacernos fácil lo que deseamos y deliberadamente difícil lo que nos perjudica. Porque el contexto siempre decidirá por nosotros antes que nuestras buenas intenciones. No es que la fuerza de voluntad está rota, simplemente es que es un recurso limitado que se agota con el cansancio diario. www.carloshidalgo.es

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