CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

La queja

La queja Existía un Monasterio de Cartujos, famoso por sus estrictas reglas, en el que los monjes solo podían decir dos palabras al año. Muchos jóvenes querían ser aceptados, pero solo unos pocos lograban superar el voto de silencio y convertirse en cartujos. Esas dos palabras anuales solo se podían pronunciar durante la comida del día de San Bruno, fundador de la orden. Una vez, entró un joven al convento y al pasar el año dijo sus dos palabras: Comida mala, espetó. Ya veo, le contestó el padre prior. Pasó otro año y el joven cartujo dijo sus dos palabras correspondientes: Cama dura. El padre asintió otra con un ya veo. El tercer año, el joven pronunció: Hace frío. El padre prior volvió a repetir el mismo ya veo de costumbre. El cuarto año, no pudiendo resistir más la situación, el joven dijo: Me voy. A esto, el padre prior, único que podía decir más de dos palabras, respondió: “Sí, mejor que te vayas, porque desde que has llegado no haces más que protestar”. Cuentos aparte, demasiadas veces nos comportamos como el cartujo de la historia, quejándonos continuamente en vez de aprovechar el momento para crear una experiencia positiva. La queja, cuando no da paso a una solución, termina robando energía emocional, tanto de quien la dice como de quien la escucha. El clima, el tráfico, la pareja, los vecinos, las colas, los ruidos, los hijos, los compañeros de trabajo, el ascensor que tarda demasiado y un largo etcétera suelen ser los temas recurrentes del quejica. Es cierto que se puede expresar una disconformidad con el estado de algunas cosas, pero debemos estar pendientes de que ese comportamiento no se convierta en la norma, cerciorándonos de no quedar atrapados en una espiral de quejas que nos conduzca a un victimismo crónico. No olvidemos que, con la mitad de la energía necesaria para expresar una queja, se empieza a construir una solución. www.carloshidalgo.es

El dilema del tranvía

El dilema del tranvía El dilema del tranvía es una vieja disyuntiva ético filosófica que pretende contestar a la pregunta sobre si es lícito dejar morir a un ser humano, para poder salvar a un grupo de personas. El enunciado del problema dice lo siguiente: Imagina que ves un tranvía desbocado y sin frenos, que se dirige hacia cinco trabajadores que están en la vía y que les provocará una muerte segura si llega a alcanzarles. No puedes avisarles y tampoco puedes parar el tren, pero sí puedes accionar una palanca que lo desviará hacia otra vía. Allí hay otro trabajador, pero está solo. ¿Debes apretar la palanca? No hacer nada implicaría dejar morir a los 5 trabajadores, salvando al trabajador solitario. Usar la palanca condenaría a una vida, pero salvaría otras 5 ¿Priva la cantidad de vidas salvadas sobre el derecho a la vida en sí? ¿Sería correcto alejarse de la situación sin hacer nada? La mayoría de la gente contesta que sí, que se debe accionar la palanca. En otra variante del dilema, también clásica, estás situado sobre una pasarela encima de la vía. Podrías arrojar a una persona corpulenta que está a tu lado al tren para detenerlo y así evitar que arrolle a otras 5 que se encuentran inmovilizadas sobre la vía. En ambos planteamientos la intención es la misma: salvar a 5 personas sacrificando a otra. Sin embargo, la acción necesaria para obtener el beneficio es diferente pues no es lo mismo dejar que ocurra que hacer que ocurra. Si el 90 % eligió mover la palanca, menos del 30% de los participantes apoyó el sacrificio del hombre del puente, pese a que supondría salvar cinco vidas. Y es que la mayor parte de la gente cree que no es permisible empujar a una persona, es decir, causar un daño aposta. Estas respuestas muestran que la moralidad humana no se rige por las matemáticas. www.carloshidalgo.es

Amélie

AMÉLIE El fabuloso destino de Amélie Poulain, como reza el título original, cumple 20 años. La extraordinaria película de Jean-Pierre Jeunet, que se repone en los cines este verano, consiguió cinco nominaciones al Oscar, dos Bafta, cuatro César, cuatro premios del cine europeo y un Goya como mejor película europea. El film cuenta pequeñas historias hilvanadas a toda velocidad de las peripecias de la joven camarera Amélie Poulain. Esta no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Nôtre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. A los 22 años, el mismo día que se entera de que Lady Di fallece, descubre que en su baño hay una pequeña caja que contiene juguetes, fotografías y cromos que un niño escondió 40 años atrás. Toma la decisión de buscarlo para entregarle la caja, descubriendo que su objetivo en la vida es mejorar la de los demás, en definitiva, lograr que las personas que están a su alrededor sean más felices. Así, idea toda clase de estrategias para intervenir, sin que los demás se den cuenta, en la vida de varias personas de su entorno (la portera de su finca, la estanquera de su trabajo o su vecino, el hombre de cristal, entre otros). Tres colores definen la película. El verde y rojo, que dominan el vestuario y la ambientación, y el ocre en el plano visual. La psicología del color diría que esos tres colores destacan la personalidad de la protagonista. El verde representando la esperanza, el amarillo relacionado con la alegría y el rojo expresión de la pasión. A pesar de que han pasado dos décadas, basta con escuchar algún acorde de la banda sonora, para recordar de inmediato a la joven parisina de ojos redondos, pelo corto y rostro aniñado que creo tendencia. www.carloshidalgo.es

Superdotado

SUPERDOTADO Laurent Simons, un niño belga superdotado de 11 años, ha conseguido graduarse en Física por la Universidad de Amberes (Bélgica), en apenas nueve meses. Lo ha hecho con un promedio de 9 sobre 10, sobrándole tiempo para completar asignaturas del máster que prevé cursar en el mismo centro. Laurent comenzó Primaria a los cuatro años, accediendo a Secundaria con seis. Completó esta etapa en 18 meses (lo normal es hacerlo en ocho años) antes de entrar en la Universidad con nueve años. Tras nueve meses matriculado en Ingeniería Eléctrica, se vio obligado a abandonar la carrera por una disputa entre sus padres y los profesores. La idea de los padres era que obtuviera el título antes de los 10 años, pero la Universidad planteó que se requería más tiempo para desarrollar habilidades como comprensión, creatividad y análisis crítico. Ante esto, los padres iniciaron negociaciones con otras universidades para que completara la licenciatura en otro centro, decantándose finalmente por Amberes. Una persona superdotada es aquella que muestra una elevada capacidad de rendimiento en el área intelectual y creativa, pero no en la emocional, corriendo el riesgo de padecer estrés psicosocial y aislamiento. El perfil típico corresponde a una persona perfeccionista, con miedo al fracaso y al que su facilidad para aprender, puede llevarle al aburrimiento y la desmotivación. Es una realidad que la sociedad suele rechazar lo que es diferente (por exceso o por defecto), con el daño psicológico que esto acarrea. La mala adaptación que suelen tener en la infancia provoca que cuando se llegue a la adolescencia no tengan habilidades sociales, se encierren en sí mismos y no tengan amigos, lo que da lugar a una exclusión social en la vida adulta, convirtiéndose en un outsider. Por ello, la mayoría necesitan hacer terapia psicológica para aprender a relacionarse, mejorar su autoestima y estructurar su personalidad. Y es que con inteligencia ganas una pelea, pero con sabiduría nunca la tendrás. www.carloshidalgo.es

Amistad y Coronavirus

AMISTAD Y CORONAVIRUS Desde la infancia hasta la senectud, la amistad es un componente fundamental en nuestras vidas, porque los humanos somos seres sociales que necesitamos el cuidado y el afecto de otros para sobrevivir. Tener amigos fomenta el sentido de pertenencia a un grupo, lo cual aporta un gran valor emocional a la persona, ya que estar integrados en nuestro entorno esta directamente relacionado con un aumento de autoestima y motivación. Además, reforzar los lazos sociales provoca que el cerebro libere endorfinas, que alivian el dolor y aumentan el placer. La pandemia ha recolocado a muchos amigos, ayudando a seleccionar las mejores relaciones y escogiendo las de mayor confianza. Diferentes estudios aseguran que, de todos los amigos que tenemos, hay un círculo de alrededor 15 personas, las más cercanas, que son cruciales para la salud física y mental. Y de entre ellos, entre 4 y 5 son verdaderamente imprescindibles. Es importante saber que las amistades verdaderas no pueden confundirse con los conocidos o los compañeros de actividades. Las primeras trascienden en el tiempo, independientemente de la frecuencia con que se vean y de las circunstancias, buenas o malas, pues en la amistad verdadera hay un interés genuino en el bienestar del otro. Esto no quiere decir que las relaciones cotidianas como los compañeros de trabajo o de gimnasio no sean importantes. También son necesarios. Pero no al mismo nivel, pues para que una amistad perdure debe de tener trascendencia, empatía y transparencia, y esto no se consigue con cualquiera. Pese a las dificultades que pueda entrañar, es muy beneficioso para una persona poder depositar la confianza en otros formando un vínculo afectivo. Porque lo esencial en una relación de amistad es la confianza, sentir que podemos ser nosotros mismos o poder confiar un problema o secreto sin ser juzgados. Al fin y al cabo, un amigo es una persona con la que puedes pensar en voz alta. www.carloshidalgo.es

Síndrome cara vacía

Síndrome de la cara vacía Ya ha pasado una semana desde que dejó de ser obligatorio el uso de la mascarilla en espacios abiertos. Llevamos más de 15 meses relacionándonos con la cara tapada circunstancia que nos hace sentirnos como más protegidos. Ahora, volver a vernos las caras al salir a la calle puede traer consigo la aparición del llamado síndrome de la cara vacía. Este, es el conjunto de problemas emocionales que se manifiesta en las personas que se sienten inseguras, cuando no llevan nada que les proteja la cara,ante un posible contagio de coronavirus. “Me puedo contagiar”, “la gente es una inconsciente”, “estoy desprotegido”, son algunos de los pensamientos que se tienen y que son los generadores del miedo, la angustia y la ansiedad. Y este conjunto de emociones, derivados de la cara destapada, terminan con una conducta de evitación, de no querer socializar o de buscar una protección exagerada. Pero el miedo al posible contagio puede que no sea la única razón por la que quitarse la mascarilla genere ansiedad. Estar sin ella, después de más de un año, hace que tengamos que volver a conectar con las facciones de la cara y no con una máscara. Y, en este punto, surgen miedos relacionados a cómo nos verán los demás, ya que en este tiempo hay gente que ha cambiado sus hábitos dejando de afeitarse o de maquillarse, por ejemplo. Incluso puede haber nuevos compañeros de trabajo a los que nunca se les haya visto la cara. Sea por el motivo que sea, es momento de empezar a olvidar un hábito mantenido mucho tiempo, para dar un paso más hacia la normalidad anterior a la pandemia, manteniendo una actitud positiva y sin abandonar por ello la prudencia. Haríamos mal al condenar a los que decidan seguir llevándola, o al pensar que el virus no existe y que no hay contagios. Hay razones de sobra para seguir siendo precavidos. www.carloshidalgo.es

El amor romántico

EL AMOR ROMÁNTICO Esta semana, la ley del divorcio cumplió 40 años con más de 30.000 rupturas en Castellón, o lo que es lo mismo algo más de dos matrimonios rotos por día. Un dato que llama mucho la atención es que el número de divorcios de personas con 60 años o más se ha triplicado en los últimos años. Esto avala las investigaciones que concluyen que es un mito pensar que el amor romántico puede con todo, pues parece que no es cierto que solo esto permita vencer todas las dificultades. De hecho, algunas parejas deciden intentar superar juntos un determinado obstáculo y otras deciden separarse ante ese mismo inconveniente. Y es que solo quererse no es suficiente. De entrada, el aceptar esta supuesta omnipotencia del amor, suele servir como excusa para no modificar determinadas actitudes perniciosas para la pareja. Al parecer, existen tres elementos que se antojan imprescindibles a la hora de conseguir una relación estable y duradera. Por un lado, el compromiso, elemento que hace que uno se involucre con el otro, que haya una motivación a construir algo con la otra persona. Se busca compartir y acompañar, pero siempre: en los buenos y en los malos momentos. Otro es la intimidad, lo que implica confiar y abrirse al otro, mostrando vulnerabilidades y aspectos más ocultos. Hay que entenderla como aquellos sentimientos en la relación que promueven el acercamiento, la confianza, el vínculo y el afecto. Y, por último, la pasión, componente que fluctúa en una relación a lo largo de las diferentes fases que se viven. Sería el estado de deseo hacia la pareja, sentimientos de atracción física e impulso de estar con el otro a nivel íntimo. Implica deseo, excitación y atracción, tanto a nivel físico como psicológico. Es cierto que la profundidad de cada uno de ellos va a depender del momento de la relación, pero siempre tienen que aparecer los tres en algún u otro grado. www.carloshidalgo.es

Violencia Vicaria

VIOLENCIA VICARIA Todos seguimos consternados con lo acaecido en Tenerife con Anna y Olivia. Las pruebas apuntan a que el padre filicida, Tomás Gimeno, el pasado 27 de abril decidió no devolver a sus hijas a Beatriz, madre de las niñas y expareja. Con el objetivo de hacerlas desaparecer e intentando asegurarse de que nunca las encontraran, zarpó desde el puerto de Tenerife en buscan de un vertedero submarino de barcos para arrojar los dos cuerpos. Pero el ancla con el que lastró las dos bolsas de deporte en las que las introdujo, se quedó enganchada en una de las naves hundidas, lo que facilitó que el sónar localizara a Olivia, la hija mayor. Todo apunta a que Anna, por desgracia, ha corrido la misma suerte. Desde que arrancó la investigación, se sabía que se estaba ante una personalidad enrevesada y narcisista, y que todo el plan obedecía a la venganza de un celópata que tiene como fin enterrar en vida a Beatriz. Por definición, la violencia vicaria se suele ejercer hacia el otro a través de los hijos, adquiriendo estos la condición de instrumentos para el maltratador o maltratadora, quien continúa ejerciendo esa violencia incluso en el caso en el que ya se ha producido la separación. La persona inductora aprovecha la fragilidad de los menores, para dañar psicológicamente al otro progenitor, despertando en este último un sufrimiento límite, un intenso dolor y una sensación de culpa extrema por no haber podido defender a las personas más queridas y a la vez más vulnerables, sus propios hijos. En los casos más extremos, como el que estamos comentando, se llega a la muerte de los menores en forma de homicidio premeditado. Este tipo de violencia conlleva unas consecuencias psicológicas tan devastadoras en la víctima, que difícilmente se va a poder restaurar su equilibrio emocional pues, aunque el dolor no ha sido físico, la crueldad si es de por vida. www.carloshidalgo.es

Luz de gas

LUZ DE GAS Ciertamente no estoy al día de las noticias de la prensa rosa, pero es muy difícil pasar por alto el serial relatado por Rocío Carrasco en el documental Rocío, contar la verdad para seguir viva. “Estás chiflada”, “las hormonas del embarazo te están afectando a la cabeza”, “haces dramas de todo”, “los celos te volverán loca” … y otros insultos y lindezas son algunos de los ejemplos que, según la protagonista, le espetaba su exmarido Antonio David Flores, en su segundo embarazo. Este testimonio ha sacado a relucir el maltrato psicológico conocido como luz de gas o gaslighting. Este, es un tipo de abuso psicológico en el cual se manipula y modifica la percepción de la realidad que posee otra persona, normalmente la pareja. Se busca, a partir de hacerles dudar de sí mismos y de sus creencias, dañar la autoestima y anular su personalidad. No deja de ser una perversa forma de violencia que, mediante el ejercicio de un acoso sutil y repetitivo, genera tal confusión que la víctima cree que se está volviendo loca, llegándose a sentirse culpable de la conducta violenta del maltratador. El término proviene de la obra teatral Gaslighting donde se relata la historia de un hombre que trataba de convencer a su esposa de que estaba loca. Para ello, le escondía ciertas pertenencias y atenuaba las luces de gas, haciéndole creer que brillaban con la misma intensidad de antes. Esto hacía que ella creyera que tenía problemas de cordura. Por definición, las personas que practican luz de gas son narcisistas y ególatras, acostumbradas a manipular los sentimientos de los demás. La víctima no solo se siente triste, insegura e inferior, sino que se pregunta si es débil o si en verdad es una amargada, como le intentan hacer creer. Si por desgracia lo relatado por Rocío es cierto, le queda mucho trabajo por delante, a nivel psicológico, para lograr recuperar su estabilidad emocional. www.carloshidalgo.es

Tonto a las tres

Tonto a las tres La semana pasada, el artista italiano Salvatore Garau consiguió vender el vacío por 15.000 euros, presentándolo en una subasta como una escultura inmaterial. Sí, una obra de arte que no existe, pero que lleva el nombre de “Yo soy” (Io sono, en italiano). Aun con todo, lo más sorprendente en esta historia son los requisitos impuestos por su creador: “Debe colocarse dentro de una casa, en una habitación libre de obstáculos y con unas dimensiones de 150 x 150 centímetros”. Asombroso. Sobre la temperatura y la iluminación no ha mencionado nada, por lo que no parece imprescindible adecuar la estancia. Tampoco se debe instalar una alarma. Menos mal, un gasto menos. Intentando acallar ciertas críticas, el artista ha explicado que “El vacío es un espacio lleno de energía y, aunque se vacíe y no quede nada, según el principio de incertidumbre de Heisenberg, esa nada tiene un peso, por lo que tiene una energía que se condensa y se transforma en partículas”. Ahí es nada. En cuanto a la obra, queda únicamente en manos del comprador un papel como certificado de garantía que da fe de su existencia, único elemento visual de la escultura. La ciencia demostró hace tiempo que existían tres tipos de tontos. El tonto despistado, ese torpe con lapsus de atención que provoca un sinfín de accidentes domésticos. El tonto fuera de control, esa persona que actúa sin reparar en las consecuencias. Y, por último, el tonto a las tres. Ese tonto que se cree más listo que los demás y que adquiere una escultura que no existe; que puede ir a robar un banco sin taparse la cara, con la esperanza de que al rociársela con zumo de limón (hecho real) desaparecerá cual hombre invisible. Woody Allen decía que “si los seres humanos tuviésemos dos cerebros haríamos el doble de tonterías”. Como el tonto de Abundio, que vendió sus zapatos para comprarse los cordones. www.carloshidalgo.es