CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

La Palma

LA PALMA La erupción volcánica que comenzó el pasado 19 de septiembre en La Palma cumple ya quince días. La lava escupida por el volcán ha cubierto cientos de hectáreas y cuando el volcán se detenga, y las coladas de lava se solidifiquen, el paisaje quedará totalmente cambiado, invadido por un terreno que los canarios llaman malpaís. El término se utiliza para describir una superficie tortuosa, estéril, árida e impracticable que hará que, por muchos años, no se pueda volver a construir o cultivar nada en toda la zona. Aunque la mayoría de los habitantes de La Palma, sabían que esto podía suceder, no por ello dejan de sufrir pesadillas al desconocer cómo acabarán sus propiedades y cúal será su futuro. Por esto es especialmente indignante que en un primer momento la ministra de Turismo (Reyes Maroto) definiera la erupción como un espectáculo maravilloso y un reclamo turístico. Esto más bien es una declaración indignante, insolidaria y cero empática, ante una gente que lo ha perdido todo. Porque no hay espectáculo ni atracción turística en un drama humano. El Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes trabaja desde el primer día para prestar asistencia psicológica a los afectados. Ante una situación tan crítica como esta, las reacciones cognitivas, emocionales y conductuales son impredecibles y distintas entre sí, de la misma forma que las personas somos diferentes unas de otras. Lo que sí es común es el desequilibrio que provoca a todos a nivel físico, psicológico, económico y ambiental. En este tipo de catástrofes lo que se necesita más que psicoterapia es ayuda. Ayuda a la víctima para que intente comprender lo ocurrido, orientándola en la toma de decisiones y en la ejecución de las acciones más urgentes para afrontar la situación. Porque nos creemos que nuestra vida es segura y no lo es tanto. Solo somos conscientes de la inseguridad cuando tenemos un evento que hace temblar nuestra existencia. www.carloshidalgo.es

Los valores

LOS VALORES El pasado domingo, Max Verstappen y Lewis Hamilton, los dos principales aspirantes al título de la temporada en Fórmula 1, quedaron fuera del Gran Premio de Italia, después de que ambos chocaran en la carrera que se disputó en el circuito de Monza. Más allá de quién tuvo la culpa en el accidente, hubo una escena que llamó mucho la atención, pues el piloto neerlandés al bajar de su monoplaza no se acercó para ver cómo se encontraba su compañero, tras pasarle su coche por encima. Hay que tener en cuenta que el halo, esa pieza en forma de arco tan fea cómo bendita, salvó la cabeza de Hamilton del impacto de una rueda del otro monoplaza. Sin duda, el desaire del piloto de Red Bull es un gesto indigno, poco ejemplar y despreciable. Porque sea cual sea el deporte que se practique, hay que tener unos valores en la vida, más allá de la profesión. Uno primero es persona y luego piloto. Un ejemplo de esto lo encontramos en el atleta vitoriano Iván Fernández Anaya cuando se negó a ganar una carrera yendo el segundo, bastante distanciado del primero. El tema es que, en la última recta, observó cómo el líder de la carrera, el keniata Abel Mutai, se equivocaba de línea de meta (al no saber ni castellano ni inglés) parándose una decena de metros antes de la pancarta final. Fernández Anaya le alcanzó, pero en vez de aprovechar la situación para acelerar y ganar, se quedó a su espalda y con gestos y empujones le llevó hasta la meta, dejándole pasar por delante. “Él era el justo vencedor. Me sacaba una distancia que yo no podía haber superado si no hubiese equivocado.”, declaraba el buen atleta y aún mejor persona. Porque siempre es el momento adecuado para hacer lo correcto. Pensar que no eres más que nadie, ya te hace mejor que muchos. www.carloshidalgo.es

La empatía

LA EMPATÍA A finales del pasado mes, en el hundimiento de un edificio de la urbanización Font Nova de Peñíscola, Bienvenido Cives perdió a su pareja y a su hijo de 15 años. Pocos días después, apenas iniciado el proceso de duelo por ambas muertes, tuvo que empezar los trámites administrativos, entre los que se hallaba cancelar el contrato con su compañía telefónica. La sorpresa inicial se convirtió en rabia cuando desde la compañía le instaban a devolver el router, si no quería recibir una penalización de 150 euros. A pesar de exponer su dramática situación y de explicar que el aparato estaría hecho añicos entre los escombros, la compañía, provista sin duda de unas buenas anteojeras (pieza que se colocan sobre los ojos de las caballerías para que solo vean el camino frente a ellos), insistía en que devolver el aparato era lo único que podía evitar la multa. Al final, al ver que el usuario utilizó el periódico para denunciar el abuso, con la consiguiente avalancha de críticas, la compañía rectificó, exonerando del pago a Bienvenido. Se conoce como ecpatía al proceso mental voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes y pensamientos del otro. O lo que es lo mismo, la dureza afectiva característica de algunas personas o empresas carentes de empatía. Porque ser empático es justo lo opuesto, es la facultad para ponerse en el lugar del otro. Es decir, ser capaz de entender la situación y los sentimientos que está viviendo otra persona, conectando rápidamente con ella y logrando hacerle sentir cómoda. Hablaríamos pues de la capacidad para entender los sentimientos y las emociones de alguien cuando lo está pasando mal. Las personas empáticas saben atender, son sensibles y tolerantes, pues la empatía está relacionada con el apoyo, la compresión y la escucha activa. Y, en los tiempos que corren, nos vendría muy bien abrir el grifo de la empatía y llenar el vaso de solidaridad. www.carloshidalgo.es

El lado negativo del optimismo

El lado negativo del optimismo El optimismo se puede definir como una forma de pensamiento positivo, que incluye la creencia de que uno es responsable de su propia felicidad, y que siempre nos van a pasar más cosas buenas que malas. Es evidente que una tendencia al positivismo es buena, pero con matices. Es lo que en psicología se llama la paradoja de Stockdale. Esta paradoja toma el nombre del Almirante estadounidense James Stockdale, el prisionero de mayor rango durante la guerra de Vietnam, quien estuvo encarcelado en condiciones pésimas durante 8 años siendo torturado en 20 ocasiones. Pese a todo, sobrevivió. Mientras estuvo en cautiverio se percató de que los prisioneros que menos probabilidades tenían de sobrevivir eran los que tenían un optimismo exacerbado. Estos solían repetirse, en un exceso de optimismo, que para Navidades estarían en casa. No obstante, en cuanto pasaba esa fecha se iban deprimiendo, bajaban los brazos e incluso fallecían. Sin embargo, aquellos prisioneros que, aunque mantenían la esperanza, eran realistas con la situación y aceptaban el horror que estaban viviendo, fueron los que sobrevivieron. Esto pasa porque un optimismo ingenuo da lugar a una falsa esperanza lo que, unido a los repetidos desengaños, termina llevando a la persona a una desilusión total y a un agotamiento físico y emocional. Ahora que se vuelve a las aulas con más de 70 % de la población vacunada, tanto los medios de comunicación, como los responsables políticos pueden optar por insuflar un elevado optimismo con respecto a la salida de la pandemia. Pero establecer fechas sobre el regreso a la normalidad es peligroso porque, dada la situación actual, tal vez no regresemos nunca o tardemos mucho tiempo en alcanzarla (llevamos 5 olas). En definitiva, los extremos suelen ser peligrosos, dañinos y perniciosos. La única verdad es que el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas. www.carloshidalgo.es

La hipocresía

LA HIPOCRESÍA En 1991 el disco Nevermind de Nirvana salió al mercado y se transformó en un éxito casi inmediato, con 30 millones de copias vendidas. Todo el mundo reconoce su portada con un bebé desnudo sumergido en una piscina, intentando coger un billete de 1 dólar. Aquel bebé acaba de cumplir 30 años y ha tenido la “genial” idea de presentar una denuncia a los ex integrantes y herederos del grupo, acusándoles de pornografía infantil. La demanda sostiene que los acusados se beneficiaron de la comercialización y explotación sexual de Spencer Elden, el bebé hecho ya un hombre, exigiendo una indemnización por los daños que ha sufrido y los que seguirá sufriendo de por vida. Además, también demanda al fotógrafo (Kirk Weddle), amigo de su padre, que fue el que concedió el permiso para la foto, quien cobró 200 dólares por los 15 segundos que duró la sesión. Curiosamente, durante mucho tiempo, Spencer se ha mostrado ufano por aparecer en la portada. Es más, en 2016, cuando el álbum cumplió sus 25 años, se fotografió feliz y dichoso junto al disco. Etimológicamente, la palabra hipocresía proviene del griego hypokrisía, que de manera literal significa “responder con una máscara”. Se puede definir un comportamiento hipócrita como aquel en el que la persona demuestra una incongruencia entre sus acciones y lo que piensa. Como Spencer, que siempre se ha jactado de ser el icónico bebé de la piscina, llevando incluso tatuado en su pecho el nombre del álbum, y en cambio ahora presenta una demanda de 2,5 millones para mitigar su pena. Pero a Spencer se le olvida que la felicidad es interior, no exterior, por lo que no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Una persona auténtica y en armonía es la que es coherente entre lo que piensa y lo que hace. Y es su caso la honestidad, el decoro y la dignidad brillan por su ausencia. www.carloshidalgo.es

Simone Biles

Simone Biles Los Juegos Olímpicos de Tokio han dejado diferentes lecturas, pero sin duda una de las que más ha llamado la atención es el problema emocional sufrido por Simone Biles. La gimnasta norteamericana de 24 años, predestinada a convertirse en la reina de los Juegos, tuvo que renunciar a participar en tres finales individuales (salto, barras asimétricas y suelo) y a la final por equipos, paralizada por un problema de ansiedad. La propia Simone dijo: “Desde que entro al tapiz, estoy yo sola tratando con demonios en mi cabeza”. El suelo es su hábitat, es el elemento donde más cómoda se siente. Tanta es su habilidad, que podría colgarse el oro rebajando la dificultad de sus ejercicios gracias a su destreza y capacidad acrobática. Y con todo, tuvo que abandonar. Y es que la gimnasia artística es diferente a todos lo demás deportes, pues un pequeño fallo de concentración puede acarrear fracturas por una decena de sitios. Otra particularidad de esta disciplina es que las gimnastas alcanzan la categoría sénior a los 16 años, en plena formación aún como personas, con lo que muchas veces tienen que asumir responsabilidades de adulto en plena adolescencia. En una competición como los Juegos Olímpicos, el trabajo realizado durante 4 años se suele decidir en pocos segundos, por lo que una óptima preparación mental es clave para poder conseguir el objetivo. Debido a que el crecimiento de un deportista tiene su base en el entrenamiento físico, la técnica y el trabajo mental, la psicología deportiva se ha convertido en una pieza clave en el deporte de élite. Porque para manejar la presión hay que aprender a controlar los pensamientos y las emociones, pues nada ata más que la mente y nada limita más que el miedo. Simone se ha tatuado en la clavícula: “Y aún así me levanto”, como lema deportivo que habla del esfuerzo que tiene que hacer para superarse día a día. www.carloshidalgo.es

Las parcas

LAS PARCAS El mito de las Parcas (Moiras en la mitología griega), nos habla de tres hermanas que determinaban el destino, tanto de los dioses como de los seres humanos. Ni siquiera Júpiter podía estar por encima de sus designios. Vivían en el Hades o Inframundo, siendo las responsables de fabricar, tejer y cortar el hilo de la vida de los mortales. La más joven, Nona (nombre que procede del noveno mes de gestación), era la encargada de llevar los hilos con los que se cosería el destino de cada persona. Estos eran de tres colores: blancos, negros y dorados. Los blancos correspondían a acontecimientos sin trascendencia, los negros a momentos de aflicción y los dorados a los momentos felices. Luego estaba la segunda en edad, Décima, quién enrollaba el hilo en un carrete midiendo con su vara la longitud de cada uno. Por último, estaba la mayor, Morta (la muerte), que era la responsable de cortar el hilo de la vida con sus largas tijeras de oro, determinando el instante de la muerte, en cualquier momento, sin avisar y sin discriminar por edad, status o poder. La balanza y las tijeras eran sus símbolos. Estas damas aparecían tres días después de cada nacimiento, siendo entonces cuando decidían el destino que tendría cada uno. Durante su trabajo, las Parcas hacían uso de la Rueda de la Fortuna, que es el telar utilizado para tejer los hilos de la vida. Pero, a pesar de que eran las encargadas de marcar el momento de la muerte, dice la leyenda que, si uno realiza buenas acciones durante su vida, ellas suelen dar mas hilo al carrete, pudiendo así aumentar los años de vida. Por lo tanto, aunque nuestra existencia penda de un hilo, hemos de intentar ser buenas personas, incluso con las personas equivocadas, pues buscando el bien de nuestros semejantes, además de alargar la vida, encontramos el nuestro. Platón dixit. www.carloshidalgo.es

La queja

La queja Existía un Monasterio de Cartujos, famoso por sus estrictas reglas, en el que los monjes solo podían decir dos palabras al año. Muchos jóvenes querían ser aceptados, pero solo unos pocos lograban superar el voto de silencio y convertirse en cartujos. Esas dos palabras anuales solo se podían pronunciar durante la comida del día de San Bruno, fundador de la orden. Una vez, entró un joven al convento y al pasar el año dijo sus dos palabras: Comida mala, espetó. Ya veo, le contestó el padre prior. Pasó otro año y el joven cartujo dijo sus dos palabras correspondientes: Cama dura. El padre asintió otra con un ya veo. El tercer año, el joven pronunció: Hace frío. El padre prior volvió a repetir el mismo ya veo de costumbre. El cuarto año, no pudiendo resistir más la situación, el joven dijo: Me voy. A esto, el padre prior, único que podía decir más de dos palabras, respondió: “Sí, mejor que te vayas, porque desde que has llegado no haces más que protestar”. Cuentos aparte, demasiadas veces nos comportamos como el cartujo de la historia, quejándonos continuamente en vez de aprovechar el momento para crear una experiencia positiva. La queja, cuando no da paso a una solución, termina robando energía emocional, tanto de quien la dice como de quien la escucha. El clima, el tráfico, la pareja, los vecinos, las colas, los ruidos, los hijos, los compañeros de trabajo, el ascensor que tarda demasiado y un largo etcétera suelen ser los temas recurrentes del quejica. Es cierto que se puede expresar una disconformidad con el estado de algunas cosas, pero debemos estar pendientes de que ese comportamiento no se convierta en la norma, cerciorándonos de no quedar atrapados en una espiral de quejas que nos conduzca a un victimismo crónico. No olvidemos que, con la mitad de la energía necesaria para expresar una queja, se empieza a construir una solución. www.carloshidalgo.es

El dilema del tranvía

El dilema del tranvía El dilema del tranvía es una vieja disyuntiva ético filosófica que pretende contestar a la pregunta sobre si es lícito dejar morir a un ser humano, para poder salvar a un grupo de personas. El enunciado del problema dice lo siguiente: Imagina que ves un tranvía desbocado y sin frenos, que se dirige hacia cinco trabajadores que están en la vía y que les provocará una muerte segura si llega a alcanzarles. No puedes avisarles y tampoco puedes parar el tren, pero sí puedes accionar una palanca que lo desviará hacia otra vía. Allí hay otro trabajador, pero está solo. ¿Debes apretar la palanca? No hacer nada implicaría dejar morir a los 5 trabajadores, salvando al trabajador solitario. Usar la palanca condenaría a una vida, pero salvaría otras 5 ¿Priva la cantidad de vidas salvadas sobre el derecho a la vida en sí? ¿Sería correcto alejarse de la situación sin hacer nada? La mayoría de la gente contesta que sí, que se debe accionar la palanca. En otra variante del dilema, también clásica, estás situado sobre una pasarela encima de la vía. Podrías arrojar a una persona corpulenta que está a tu lado al tren para detenerlo y así evitar que arrolle a otras 5 que se encuentran inmovilizadas sobre la vía. En ambos planteamientos la intención es la misma: salvar a 5 personas sacrificando a otra. Sin embargo, la acción necesaria para obtener el beneficio es diferente pues no es lo mismo dejar que ocurra que hacer que ocurra. Si el 90 % eligió mover la palanca, menos del 30% de los participantes apoyó el sacrificio del hombre del puente, pese a que supondría salvar cinco vidas. Y es que la mayor parte de la gente cree que no es permisible empujar a una persona, es decir, causar un daño aposta. Estas respuestas muestran que la moralidad humana no se rige por las matemáticas. www.carloshidalgo.es

Amélie

AMÉLIE El fabuloso destino de Amélie Poulain, como reza el título original, cumple 20 años. La extraordinaria película de Jean-Pierre Jeunet, que se repone en los cines este verano, consiguió cinco nominaciones al Oscar, dos Bafta, cuatro César, cuatro premios del cine europeo y un Goya como mejor película europea. El film cuenta pequeñas historias hilvanadas a toda velocidad de las peripecias de la joven camarera Amélie Poulain. Esta no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Nôtre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. A los 22 años, el mismo día que se entera de que Lady Di fallece, descubre que en su baño hay una pequeña caja que contiene juguetes, fotografías y cromos que un niño escondió 40 años atrás. Toma la decisión de buscarlo para entregarle la caja, descubriendo que su objetivo en la vida es mejorar la de los demás, en definitiva, lograr que las personas que están a su alrededor sean más felices. Así, idea toda clase de estrategias para intervenir, sin que los demás se den cuenta, en la vida de varias personas de su entorno (la portera de su finca, la estanquera de su trabajo o su vecino, el hombre de cristal, entre otros). Tres colores definen la película. El verde y rojo, que dominan el vestuario y la ambientación, y el ocre en el plano visual. La psicología del color diría que esos tres colores destacan la personalidad de la protagonista. El verde representando la esperanza, el amarillo relacionado con la alegría y el rojo expresión de la pasión. A pesar de que han pasado dos décadas, basta con escuchar algún acorde de la banda sonora, para recordar de inmediato a la joven parisina de ojos redondos, pelo corto y rostro aniñado que creo tendencia. www.carloshidalgo.es