CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

Buenos hábitos

EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO   Artículo de opinión   26/12/2021 Buenos hábitos El inicio de año suele ser un momento idóneo para repasar nuestros hábitos e intentar comenzar con buenos y firmes propósitos. Diferentes investigaciones indican que solo el 10 % de las personas consiguen materializar sus sueños, sin dejar que estos se queden en un simple deseo verbalizado. Porque todos los años sucede lo mismo: se comienza con una firme convicción, pero en cuanto transcurren unas semanas, la fuerza de voluntad declina y se vuelve a caer en antiguos vicios y costumbres. Además, esta frustración conlleva un coste a nivel de conciencia, por lo que se suele culpar del fracaso a los demás o a las circunstancias, y nunca a la falta de disciplina, constancia y tesón. Un estudio universitario ha concluido que las tres razones fundamentales que se encuentran detrás del abandono de los nuevos propósitos son: un exceso de optimismo, la falta de fuerza de voluntad y el planteamiento de objetivos poco realistas. Siendo que más del 60 % de las actividades que realizamos a diario son hábitos cotidianos, es conveniente adoptar buenas costumbres en la rutina diaria. Un hábito es cualquier conducta aprendida que, mediante su repetición, se termina realizando de forma habitual y automática, sin apenas pensar en ello. Este es un elemento básico del aprendizaje humano que se crea porque el cerebro siempre busca la forma de ahorrar esfuerzo. Al parecer, el tiempo para conseguir un automatismo es de 66 días, y no 21 como siempre se ha creído. Y es que, para mejorar nuestra calidad de vida, no es necesario realizar unos cambios muy drásticos en nuestras rutinas, solo con un poco de constancia se pueden instaurar nuevos hábitos saludables. En realidad, se puede conseguir la mayoría de cosas que uno se proponga, siempre que sean metas realistas y que se crea en la posibilidad de conseguirlas. Todo depende de nuestra motivación e impulso, pues como dijo Rabindranath Tagore: “No puedes cruzar el mar simplemente mirando el agua”. www.carloshidalgo.es

Prohibido reír

PROHIBIDO REIR Si algo caracteriza al régimen comunista de Corea del Norte es la extravagancia. Desde imponer el estilo del corte de pelo (solo hay 14 opciones para los hombres y 15 para las mujeres) o prohibir los pantalones vaqueros, hasta fusilar a su ministro de Defensa (Hyon Yong-Chool) por quedarse dormido durante un evento o detonar una bomba de hidrogeno, un dispositivo termonuclear, provocando un temblor que se sintió en China y Rusia. Ahora, el régimen de Pyongyang liderado por Kim Jong-un ha prohibido reír desde el pasado 17 de diciembre, fecha en que murió su padre Kim Jong-il, durante 11 días. En verdad no solo está prohibido reír, también tomar alcohol, contar chistes, comprar comida, llorar en los entierros o acudir a acto alguno que promueva el solaz y el esparcimiento. En definitiva, está prohibido mostrar cualquier señal de felicidad durante 11 días. Sesudos estudios aseguran que la risa es universal, pero el humor no. Por un lado, en todas las culturas se identifica la sonrisa con un sentimiento de felicidad y alegría. Sin embargo, no a todos nos hace reír lo mismo. Esto es debido a que el sentido del humor está ligado al desarrollo cognitivo, por lo que cambia dependiendo del contexto cultural, la época, la situación y la persona. Otra particularidad es que, para reír, la condición esencial no es el “chiste” o la situación, sino que haya otra persona. Por eso, cuando nos hacemos cosquillas a nosotros mismos, no nos reímos. Así, está comprobado que la risa es 30 veces menos frecuente en soledad que en situaciones sociales. Por lo tanto, en estas fiestas conviene que nos rodeemos de nuestros seres queridos y amigos (con prudencia y cautela, eso sí) y reír a carcajadas, pues al hacerlo se ejercitan 400 músculos, aumenta el ritmo cardiaco y se generan endorfinas, hormonas opiáceas que nos sirven como analgésico natural contra la tristeza y el dolor. www.carloshidalgo.es

La melancolía

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO        Artículo de opinión   19/12/2021 LA MELANCOLÍA El pasado lunes apareció muerta en su domicilio Verónica Forqué. Ella mismo había hablado sobre la angustia vital que experimentó en sus dos depresiones pasadas, una en 2014 y otra en 2017. Por lo visto, ahora había recaído de nuevo. Recientemente declaró lo siguiente: “La depresión es una enfermedad y la sociedad solo evita hablar de ella”. Inicialmente conocida por la cultura griega como melancolía, la depresión toma su nombre del latín depressus (abatimiento), siendo una enfermedad sufrida por más de 350 millones de personas en todo el mundo, y representando el 8% de la mortalidad prematura (por suicidio). De hecho, solo en España hay más de 10 suicidios diarios y, por cada intento consumado, se producen 20 tentativas. La depresiónes un trastorno emocional caracterizado por un bajo estado de ánimo y síntomas predominantemente afectivos como la tristeza patológica, la apatía, la anhedonia y la desesperanza. Además, también están presentes síntomas de tipo cognitivo, volitivo y somático, por lo que podría decirse que la depresión no afecta solo psíquicamente, sino también físicamente. Junto a estos, suelen aparecer también otros síntomas como el sentimiento de culpa, la irritabilidad y la idea de suicidio. En este punto hay que puntualizar que la persona más que desear la muerte, lo que anhela es dejar de sufrir. Conviene recordar que tristeza o melancolía no son sinónimos de depresión, pues tener algún período de decaimiento es algo inherente al ser humano. Por lo tanto, diríamos que la tristeza es un sentimiento normal, pero que puede llegar a ser patológica en función de su duración, intensidad y grado de interferencia en la vida cotidiana. Como dijo la propia Verónica: “Si de una depresión no llegas a saber la causa, nunca terminarás de salir. Es esencial saber porqué quieres morirte cada día cuando abres los ojos por la mañana”. Y es que con demasiada frecuencia fingimos sonrisas para evitar preguntas. www.carloshidalgo.es

Kufungisisa

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO         Artículo de opinión   12/12/2021 Kufungisisa A no ser que dominemos la lengua shona, que se habla en Zimbabwe, es complicado que sepamos que kufungisisa significa “pensar demasiado”. Los Zimbabwenses utilizan ese término para referirse, de manera literal, a lo siguiente: “me duele el corazón porque pienso demasiado”. Y es que pensar mucho puede ser un arma de doble filo. A lo largo de la historia, la humanidad se ha sentido orgullosa de su capacidad para reflexionar. Al contrario que otros animales, que se guían básicamente por su instinto, el ser humano dispone de la habilidad para reflexionar. Sin embargo, si esta capacidad para discurrir no se utiliza bien, nuestros pensamientos pueden hacernos daño y ser motivo de un desequilibrio emocional. Se sabe que una persona suele tener 60.000 pensamientos diarios y que la mayoría son negativos, repetitivos o centrados en el pasado. Una teoría que intenta explicar el porqué somos así argumenta que en realidad la mente humana sigue comportándose como si estuviésemos en el Paleolítico. En aquel periodo, el ser humano debía estar atento a todos los peligros y aspectos negativos de su vida si quería sobrevivir: escapar de los depredadores, la escasez de alimentos, buscar un refugio seguro, etc. La teoría indica que, desde entonces, nuestra mente se enfoca más en los aspectos negativos, pues nuestro sistema activador reticular (SAR) pone atención solo a lo que puede salir mal, como una forma de supervivencia. En Zimbabwe afirman que hay tres pasos para superar el pensar demasiado. El primero es Kuvhura pfungwa (abrir la mente), el segundo es Kusimudzira (elevarse) y el tercero Kusimbisa (fortalecerse). Afortunadamente, no es preciso acudir a la cultura africana para superar el kufungisisa. Existen terapias psicológicas que se centran en ayudar a las personas a relativizar y a ver el mundo de una forma distinta, modificando las creencias catastrofistas. Porque, como dijo Marco Aurelio: “La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”. www.carloshidalgo.es

La promesa

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO         Artículo de opinión   5/12/2021 LA PROMESA La semana pasada falleció a los 96 años Justo Gallego, el albañil que dedicó su vida a construir una catedral en Mejorada del Campo. A los 27 años contrajo tuberculosis, enfermedad que casi provoca su muerte. Persona de gran fe, convencido de que la Virgen del Pilar le había curado, prometió dedicarle una catedral. Dicho y hecho. Al recobrar la salud, decidió convertir un terreno de su familia en un lugar de culto. En lo que antes era un olivar, 60 años después, se erige hoy una catedral, en 4.700 metros cuadrados, de 35 metros de altura, con 12 torreones, 28 bóvedas y 2.000 vidrieras. Impresiona más saber que Justo no tenía ningún estudio sobre arquitectura (era albañil), ni usaba plano alguno, pues todo lo hacía de manera improvisada. Ladrillos defectuosos, latas, restos de neumáticos y otros desechos son el principal material del que está hecha la catedral. Para conseguir financiar su obra vendió tierras de cultivo de la familia, a la vez que recibía diferentes donaciones. A pesar de haber celebrado alguna ceremonia religiosa, el suelo sigue sin estar consagrado. Desde Mejorada del Campo se lucha por convertir esta obra en un Bien de Interés Cultural (BIC), existiendo un plan por el que, mediante su aprobación, la obra puede obtener el permiso para legalizarse, evitando así su derrumbe. Antes de morir, Justo pidió a sus allegados que le dieran su palabra de honor para que hicieran todo lo posible por terminarla. La misma palabra que él dio a la Virgen prometiéndole el templo. En verdad, todos tenemos objetivos, pero con frecuencia son ensoñaciones poco definidas y sin un plan específico. Sin embargo, pocos tienen una meta tan concreta como la de Justo, acompañada de un plan de actuación tal que se esté dispuesto a pelear hasta el final para conseguirla. Y es que establecer una meta contribuye a que las personas tengamos un propósito en la vida. www.carloshidalgo.es

Efecto Dunning-Kruger

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO              Artículo de opinión   28/11/2021 EL EFECTO DUNNING-KRUGER El pasado miércoles, la Policía Nacional recuperó en Jaén una falcata íbera del siglo III aC. procedente de un expolio. La falcata era la gran arma de los guerreros íberos que causaba el horror entre las legiones romanas, obligadas a reforzar con hierro el borde de sus escudos para contrarrestar la potencia de su corte curvo. Agentes de la Policía Nacional iniciaron una investigación cuando descubrieron una publicación, en una conocida red social, en la que un usuario llevaba a cabo una consulta en relación al precio de venta de una falcata íbera sin amortizar (sin usar), con empuñadura de cabeza de ave, que tenía en su poder. Los cuerpos de seguridad dieron fácilmente con la persona que estaba ofreciéndola para su venta, acusándolo de un delito contra el patrimonio histórico y otro de apropiación indebida. Además, recuperaron otras 202 piezas arqueológicas (puntas de lanza, flechas, fíbulas, hebillas, etc.) que también tenía con él. Hace tiempo que los psicólogos demostraron que tenemos la tendencia a ser ciegos a nuestros propios defectos mucho más de lo que pensamos. Así, cuando creemos que nuestra capacidad mental es extraordinaria, sobreestimando nuestra inteligencia, caemos en el fenómeno conocido como el efecto Dunning-Kruger. Estos dos investigadores (Dunning y Kruger) descubrieron que, al intentar evaluar el nivel de desempeño en una actividad determinada, los participantes que eran menos habilidosos tenían un doble de déficit. Por ejemplo, los cazadores más ineptos en el manejo de un arma, también son los que menos conscientes son de su mala pericia. O sea, no sólo eran los más incompetentes, sino que carecían de las herramientas mentales para juzgar la propia competencia. Porque cuanto más tontos somos, más inteligentes nos creemos. Este efecto bien podría explicar la autoestima desmedida de algunos amigos de lo ajeno como el ladrón de la falcata. Y es que, con frecuencia, la inteligencia es un proceso cíclico: cuando te pasas de listo, vuelves a ser tonto. www.carloshidalgo.es

FASTERS

  EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO              Artículo de opinión   21/11/2021 Fasters Puede que nos sorprenda, pero cada vez hay más espectadores que ven series y oyentes que devoran podcasts hasta el doble de la velocidad original. Una cosa es que, de manera puntual, alguna vez se haya escuchado un contenido a 1,5x de su velocidad real, pero puede convertirse en un problema si la práctica se normaliza. En 2017, BuzzFeed, empresa de medios de comunicación norteamericana centrada en el seguimiento del contenido viral que circula por la red, definió el término faster para aquel grupo de sujetos que necesita ver el contenido de sus series, podcasts o audiolibros a una mayor velocidad de la real. El razonamiento en el que se basa este clan es que necesitan que todo vaya más rápido, porque sino se aburren y se distraen. Es decir, que el aumento de velocidad tiene como objetivo mantener la atención, condensando así el entretenimiento. Puede ser que, a una velocidad de 1,5x, las voces no se distorsionen mucho y pueda llegar a entenderse lo que se escucha. Pero una serie no solo es una historia contada, es también cómo se cuenta: el plano, las pausas, el dialogo, la propia interpretación, la música, etc. Y viéndolo a una velocidad alta sin duda se desvirtúa el propósito. Es cierto que vivimos en una sociedad que se mueve tremendamente deprisa, en la que los avances tecnológicos nos han traído comodidades y posibilidades impensables hace un tiempo. Pero olvidamos los problemas que esta generando. Y es que cada vez nos cuesta más la interacción social, ejercitamos menos la memoria, aumentamos el déficit de atención y perdemos la habilidad espacial. Estamos en un bucle de productividad tal que no se nos permite desconectar ni si quiera en el ocio, adoptando la prisa como estilo de vida. Y, la prisa, no es un valor añadido. Gregorio Marañón ya dijo: “Es posible que algún día acabemos con las enfermedades, pero será la prisa la que acabe con nosotros”. www.carloshidalgo.es

El abrazo

 EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO                 Artículo de opinión   14/11/2021 El abrazo La semana pasada, el despiste de una madre del colegio Montealto de Madrid, fue el causante de un triple atropello que provocó la muerte de una niña de cinco años. Por lo visto, un error al cambiar de marcha hizo que el vehículo, en vez de salir hacia atrás avanzara provocando el fatal deceso. En el momento del arrollamiento, la mujer acababa de recoger a sus hijos, pues van al mismo centro educativo. Una de las primeras en salir fue María, la madre de la niña fallecida que trabaja en secretaría. Ya en el parking, María encontró a su hija herida de muerte, dándole tiempo a decirle un te quiero mientras la abrazaba. Acto seguido, se levantó para darle un abrazo a la mujer que, de manera accidental, atropelló a su hija. No hay palabras para expresar este gesto, pues nada reconforta más que un abrazo. El abrazo libera un neuropéptido, pequeña molécula formada por la unión de varios aminoácidos, que hace la función de la hormona oxitocina. Esta última es la denominada hormona del amor pues es la responsable de que amemos y seamos compasivos y amables con los demás. Es más, la neurociencia asegura que ningún niño se desarrollará de forma óptima si no es alimentado con muestras de afecto y si no se le abraza. Por si acaso el bálsamo de ese abrazo no fuera suficiente, los padres de la niña fallecida han mandado una misiva a todas las familias del colegio agradeciendo las muestras de cariño y las oraciones vertidas por su hija, haciendo especial hincapié en exonerar de toda culpa a la conductora. No existe peor experiencia en el mundo que la muerte de un hijo. No hay consuelo para ello. Y, aún con todo, nos encontramos con una madre ejemplar que dentro de su inmenso dolor se inclina hacia el amor, en lugar de hacia el odio o la represalia. Sin duda el summum de la indulgencia. www.carloshidalgo.es

ASMR

 EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO                 Artículo de opinión       07/11/2021 ASMR Prácticamente un tercio de nuestra vida la pasamos durmiendo. Y aunque pueda parecer un tema baladí, el como descansamos tiene su importancia pues un problema relacionado con el ciclo vigilia-sueño nos puede condicionar la vida. Esto es debido a que las funciones del sueño son importantísimas para nuestro organismo. Así, pasar una buena noche mejora las capacidades de memoria y de resolución de problemas, siendo además las horas de sueño esenciales para cargar pilas. Pero no solo se trata de dormir bien, sino también de tener un sueño reparador, por lo que esas horas deben ser tranquilas y seguidas. Para conseguirlo, hace unos años que se ha puesto de moda utilizar el método ASMR, acrónimo de Respuesta Autónoma Sensorial Meridiana. Esto hace referencia al fenómeno en el que unos sonidos suaves provocan un efecto de hormigueo o relajación en el oyente. Todo comienza con un estímulo sonoro que provoca una reacción relajante y placentera iniciada en la zona craneal. Ejemplos de estos estímulos pueden ser: una persona susurrando al oído, el sonido que se produce al verter un líquido, pasar las hojas de un libro, estrujar con suavidad un papel, abrir y cerrar una cremallera, tamborilear sobre distintas superficies con la punta de los dedos o cepillarse el pelo. En general, todos aquellos sonidos suaves y monótonos que evoquen un momento de relax asociado al sonido. La sensación de placer que provoca es la misma que se obtiene en un masaje craneal: un hormigueo que recorre orejas, cabeza y columna vertebral. La ciencia asevera que estos estímulos provocan una sensación denominada “euforia de bajo grado”, distrayendo al usuario de pensamientos preocupantes al proporcionar un conjunto de sonidos reconfortantes y familiares. De todas formas, cuenta la leyenda que cuando no se puede dormir por la noche es porque se está despierto en los sueños de otra persona. Sea como sea, recuerda dormirte con un sueño y levantarte con un propósito. www.carloshidalgo.es

La princesa nipona

 EL PERIÓDICO MEDITERRÁNEO                 Artículo de opinión        31/10/2021 LA PRINCESA NIPONA Japón es un lugar complicado para vivir si se es mujer y se pertenece a la familia real. Hace casi 30 años, la emperatriz Michiko perdió la voz durante casi un año a causa del estrés al que estuvo sometida, por tomar la “atrevida” decisión de amamantar ella misma a sus hijos. La tradición dicta que los niños deben de ser educados por tutores, lejos de sus padres. Diez años después, la nuera de Michiko, la actual emperatriz Masako, tuvo que retirarse de sus funciones públicas debido a la depresión que padeció ocasionada por el acoso de los medios, al no haber dado a luz un hijo varón. A principios de mes, la casa imperial reveló que la nieta de Michiko, la princesa Mako, había sufrido un trastorno de estrés postraumático debido a la implacable desaprobación pública por elegir a un novio plebeyo, Kei Komuro. Durante tres años, la pareja ha estado separada sin verse en persona mientras conseguían superar todos los inconvenientes hasta poder casarse el pasado martes. Para ello, la princesa ha tenido que renunciar a todos sus derechos principescos, a su estatus y a una dote de un millón de euros. También ha tenido que rehusar una tiara de diamantes y joyas imperiales que le entregaron al cumplir los 20 años. Tan atípica ha sido la boda que Mako se ha atrevido a enfrentarse a la superstición nipona que dicta que las novias no deben llevar perlas el día de su matrimonio, pues para los nipones las perlas simbolizan las lágrimas que se van a derramar durante el matrimonio. Kei y Mako, ya marido y mujer, han dado las gracias a quienes les han apoyado y han pedido perdón a quienes no están de acuerdo con su boda. “Solo contamos con una vida y queremos pasarla juntos”, han declarado. Y es que para disfrutar de un amor pleno no es necesario que sea perfecto, sino auténtico. www.carloshidalgo.es