La depresión invisible El pasado martes 13 se conmemoró el Día Mundial de la Depresión, una ocasión para recordar que el sufrimiento psicológico no siempre es visible, ya que muchas personas con depresión no simulan estar mal, fingen estar bien para evitar el estigma, el juicio ajeno o ser una carga para los demás. De ahí surge la llamada depresión sonriente: individuos que cumplen con sus responsabilidades, mantienen rutinas, sonríen en fotos y sostienen la vida cotidiana, mientras por dentro se sienten agotados y desbordados. Esta realidad obliga a diferenciar entre funcionar bien y estar bien. Desde fuera estas personas parecen estables pues trabajan, toman decisiones, mantienen vínculos y responden a las exigencias diarias, por lo que no se detecta ninguna señal que haga pensar que algo va mal. Mientras todo siga en pie, el malestar se minimiza y la autoexigencia ocupa el centro. Sin embargo, ese malestar existe en forma de cansancio crónico, tensión constante, desconexión emocional y una sensación de alerta constante. Sería algo así como un sufrimiento que convive con el rendimiento, sin interrumpirlo. En este punto, conviene recordar que el bienestar psicológico no se puede medir por la eficacia externa, sino por la experiencia interna: coherencia entre lo que se vive y se siente, energía vital, sentido, capacidad para regular las emociones y una relación amable con uno mismo. Por lo tanto, no es tanto lo que se hace, que cómo se vive aquello que se hace, pues esa aparente normalidad silencia la necesidad de apoyo, sin darnos cuenta que alargar ese ritmo tiene un tremendo desgaste psicológico. Porque estar bien, no es solo poder con todo; es sentirse en paz con la vida. www.carloshidalgo.es
Carlos Hidalgo
Cuando grabar sustituye a sobrevivir
Todos seguimos en estado de shock por el incendio ocurrido, en Año Nuevo, en el bar de una estación de esquí suiza. Decenas de víctimas mortales y centenares de heridos graves, conforman el balance de la tragedia. Sin embargo, lo que ha provocado una profunda inquietud son las imágenes difundidas posteriormente. En ellas se observa a numerosos jóvenes grabando las llamas con sus teléfonos móviles sin huir, gritar o escapar. Algunos incluso continúan bailando. No es inconsciencia, es desconexión emocional. Parece que el uso excesivo del teléfono móvil ha suprimido un instinto primario del ser humano, el de la huida ante el peligro. La realidad ya no se vive, se graba. Resulta que, cuando una catástrofe se observa a través de una cámara, el cerebro introduce una distancia psicológica, actuando como una barrera protectora ilusoria que convierte a la persona en espectador, no en protagonista. Ante una amenaza, los mamíferos reaccionan de tres maneras: luchar, huir o paralizarse. Hoy, grabar se ha convertido en una forma moderna de congelamiento. Estos vídeos no son un fenómeno aislado. Son la continuación de las grabaciones de peleas, agresiones, escenas de acoso o selfies que terminan en tragedia. El valor ya no reside en la experiencia vivida, sino en poder afirmar: “yo estuve allí”. Mientras tanto, seguimos regalando teléfonos móviles a niños cada vez más pequeños, exponiéndolos durante miles de horas a una realidad mediada por pantallas. No se trata de demonizar la tecnología, sino de asumir la urgencia de una educación digital que devuelva al cerebro empatía e instinto de supervivencia. Porque cuando un techo se incendia, grabar un vídeo no puede ser la prioridad. www.carloshidalgo.es
La tragedia de la ignorancia
Dicen que puedes convencer a cuarenta estudiosos con un solo hecho, pero no puedes convencer a un necio ni con cuarenta evidencias. La verdad, incluso cuando está bien argumentada, no siempre persuade. El obstáculo no es la falta de información, sino la falta de disposición para aceptarla, pues una mente cerrada no busca comprender, sino confirmar. Comprender exige un esfuerzo cognitivo y emocional, junto a aceptar la incomodidad de no tener razón. Porque la mente humana no funciona como un recipiente vacío que se llena de datos, sino como un sistema defensivo diseñado para proteger creencias, identidades y certezas previamente establecidas. Esa es la auténtica tragedia de la ignorancia. Una reciente encuesta asegura que el 15% de personas ha roto, en el último año, con amigos o familiares por discusiones políticas, y que 7 de cada 10 las esquiva para evitar conflictos. Este fenómeno se explica por la disonancia cognitiva, mecanismo que surge por la necesidad de mantener coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, pues cuando existe inconsistencia entre éstas, esa falta de armonía, genera malestar. De ahí que las personas tiendan a buscar información que confirme lo que ya piensan, y a rechazar o minimizar aquello que lo contradice. Por eso, la ignorancia no es pasiva, sino activa. No se nutre de la ausencia de verdad, sino de la terquedad. Cambiar de opinión exige humildad, y la humildad implica reconocer que uno pudo estar equivocado, algo que muchos viven como una amenaza a su identidad. Así, el verdadero sabio no malgasta su energía en discusiones estériles, pues la razón convence solo a quienes están dispuestos a escuchar. www.carloshidalgo.es
Háblate bonito Equivocarse es una experiencia inevitable en la vida humana, pero la manera en que gestionamos esos errores determina en gran medida nuestro bienestar psicológico. La metáfora del GPS puede explicar lo anteriormente expuesto. Cuando tomamos una salida equivocada, la aplicación no nos recrimina ni nos insulta, simplemente recalcula y nos ofrece una nueva ruta. Desde la psicología, este ejemplo refleja la importancia de la autocompasión y la flexibilidad cognitiva. En lugar de caer en la autocrítica destructiva, podemos aprender a hablarnos con amabilidad y a considerar el error como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. La autocrítica excesiva activa emociones como la culpa, la vergüenza o la frustración, que no solo deterioran la autoestima, sino que también limitan la capacidad de encontrar soluciones creativas. En cambio, adoptar una actitud de “recalcular” implica reconocer el error sin dramatizarlo, analizar lo sucedido y redirigir la conducta de nuevo. Este proceso fortalece la resiliencia, entendida como la capacidad de adaptarse positivamente a la adversidad. Además, los desvíos en el camino pueden abrir posibilidades inesperadas. Un error puede conducirnos a experiencias enriquecedoras o a aprendizajes que no habríamos encontrado en la ruta “correcta”. La clave está en mantener una mentalidad abierta y en confiar en que cada error puede tener un sentido constructivo. Hablarse bonito, no es un gesto superficial, sino una estrategia de regulación emocional, porque el lenguaje interno que utilizamos moldea la percepción de nosotros mismos y del mundo. Si nos tratamos con respeto y paciencia, cultivamos un entorno interno más seguro y motivador. Así, cada error deja de ser un fracaso y se convierte en un recordatorio de que siempre podemos “recalcular” y seguir adelante con mayor sabiduría. www.carloshidalgo.es
Cada crítica te delata
La transferencia espontánea de rasgos es un fenómeno psicológico que revela cómo el lenguaje moldea nuestra identidad. Se produce cuando, al atribuir características a otras personas, esos mismos atributos terminan reflejándose en nuestro propio carácter, sin que lo advirtamos. Cada vez que emitimos una crítica, el cerebro no solo registra el juicio como información externa, sino que lo vincula también con quien lo pronuncia. Así, al decir que alguien es un mentiroso, manipulador o falso, no estamos únicamente describiendo al otro, sino que estamos activando en nuestra mente esos rasgos, asociándolos con nosotros mismos. Este mecanismo descansa en el principio de que el lenguaje no solo comunica, sino que también define. El cerebro busca coherencia entre lo que decimos y quiénes somos, de modo que repetir juicios negativos refuerza redes neuronales que acaban integrando esos rasgos en nuestra autoimagen. Además, los oyentes también nos asignan inconscientemente las características que expresamos, lo que influye en la percepción social que los demás tienen de nosotros. Es como el dicho popular: cuando señalamos a alguien con un dedo, tres dedos nos señalan a nosotros. Este fenómeno se relaciona con la proyección, un mecanismo de defensa en el que atribuimos a otros lo que no queremos reconocer, explorar o aceptar en nosotros mismos. Debido a que el lenguaje que usamos no solo tiene poder sobre los demás, sino sobre nosotros mismos, conviene cultivar un lenguaje más empático y reflexivo. No se trata de evitar toda crítica, sino de entender que cada juicio es también una declaración sobre quiénes somos. Al final, nos convertimos en lo que juzgamos, y nuestras palabras son el reflejo más directo de nuestra personalidad. www.carloshidalgo.es
La inocencia perdida
El juicio de la secta de Vistabella, ya en su tramo final, ha destapado abusos sexuales a menores y dejado al descubierto heridas profundas en los cimientos de la infancia. Lo más devastador, no ha sido solo el dolor inmediato, sino la manipulación sistemática de la percepción de su mundo construyéndoles una realidad paralela y mágica, diseñada para sustituir sus vínculos naturales por la sumisión a los líderes del grupo. Durante años, como parte de una estrategia perversa, los niños fueron tratados como elegidos con regalos, fiestas y atenciones. Pero a partir de los 12 años, esa fantasía se transformaba en pesadilla, comenzando los abusos sexuales y la pérdida de la inocencia. En una etapa crucial del desarrollo, justo cuando la identidad comenzaba a forjarse, se les privó del amparo y la seguridad, generando un daño psicológico tan profundo como duradero. Como secuela de esta manipulación, se produce una fractura en la confianza hacia los adultos, lo que derivará en dificultades para establecer vínculos seguros en la vida adulta. A todo esto, se suma el trauma del propio abuso, que no solo vulnera el cuerpo, sino también la candidez. Las víctimas deben enfrentarse a dolorosos recuerdos y reconstruir su identidad en un contexto donde lo que aprendieron como verdadero era una mentira. Una estrategia terapéutica clave en su recuperación es la reconstrucción narrativa. A través de esa terapia, las víctimas tienen que reelaborar su historia, resignificando los hechos desde una posición diferente, reconociendo que lo vivido fue una imposición, y no una elección. Porque sanar no es olvidar, sino integrar el pasado sin que defina el futuro. Solo así será posible recuperar la dignidad arrebatada. www.carloshidalgo.es
La Torre de Pisa
En 1934, Benito Mussolini ordenó enderezar la Torre de Pisa, pues consideraba su inclinación una mancha en la imagen de Italia. Se vertió hormigón en sus cimientos, con la esperanza de corregir la inclinación. Sin embargo, la torre se hundió aún más, agravando el problema. No fue hasta los años 90 cuando, utilizando contrapesos y extracción de tierra, se redujo la inclinación en 44 centímetros, haciéndola segura sin eliminar su icónica pendiente. Un enfoque que prioriza la conservación sobre la corrección. Y es que La Torre Pisa, más que un monumento, es un símbolo universal de cómo un defecto puede transformarse en virtud. Desde el plano psicológico, su historia nos invita a reflexionar sobre la aceptación de nuestras imperfecciones y la manera en que estas pueden convertirse en rasgos únicos que nos distinguen. Solemos asociar los defectos con debilidad, sin embargo, la inclinación de la torre demuestra que lo que fue visto como un error de construcción, terminó siendo el motivo principal de su fama. La vida, como la arquitectura, nos invita a reinterpretar las dificultades como semillas de transformación. Abrazar nuestras singularidades es un gesto de valentía, no buscando esconderlas, sino haciéndolas parte de nuestra esencia. No olvidemos que la autenticidad atrae y, en un mundo que promueve la perfección, lo que genera interés es aquello que se aparta de lo común. Además, reconocer nuestras imperfecciones nos libera del yugo de la perfección y nos permite brillar con legitimidad, revelando que incluso un aparente error puede convertirse en símbolo de orgullo. Al fin y al cabo, la torre no es admirada a pesar de su inclinación, sino precisamente por ella. www.carloshidalgo.es
El lápiz de la sonrisa
En psicología, uno de los hallazgos más fascinantes es la manera en que el cuerpo y la mente se influyen mutuamente. El experimento del psicólogo Fritz Strack, conocido como el “experimento del lápiz”, es un ejemplo clásico de este fenómeno. En el estudio, se mostró una serie de tiras de humor gráfico a dos grupos de personas, pidiéndoles que valoraran cuán graciosos eran los dibujos. El primer grupo, sostenía un lápiz entre la boca y la nariz, (a modo de bigote) generando una expresión similar a un ceño fruncido. El segundo grupo, sostenía un lápiz apretado entre los dientes, produciendo una sonrisa forzada. Los resultados fueron claros: quienes “sonreían” encontraron las viñetas mucho más divertidas. Este hallazgo evidenció el principio de la retroalimentación facial, según el cual la musculatura del rostro envía señales al cerebro capaces de modular la experiencia emocional. Desde la psicología, este experimento abre una reflexión más amplia: la conducta no es solo consecuencia del pensamiento, también puede transformarlo. Adoptar una postura corporal abierta, caminar con energía o sonreír, incluso de manera intencional, puede generar cambios en la percepción subjetiva del bienestar. Dicho de otro modo, no siempre necesitamos esperar a “sentirnos bien” para actuar; a veces, actuar como si nos sintiéramos bien puede iniciar el cambio. Como decía William James, “no canto porque soy feliz, soy feliz porque canto”. El experimento nos recuerda que la mente no flota en el vacío, sino que habita en un cuerpo con el que mantiene un diálogo constante. Y en ese diálogo, un gesto tan sencillo como sonreír (aunque sea sin ganas) puede inclinar la balanza hacia una vida más positiva. www.carloshidalgo.es
Cuando la empatía es un algoritmo
Un reciente estudio universitario demuestra que la Inteligencia Artificial vulnera los principios éticos que rigen la psicoterapia. Desde simular una empatía prefabricada, hasta ofrecer respuestas absurdas ante una crisis emocional. Es una realidad que muchas personas confían en la IA para hablar de sus emociones, pedir consejo o calmar la ansiedad. ¿La razón? Está siempre disponible, no juzga, responde en 0,3 segundos y, por supuesto, dice justo lo que queremos oír. Una aparente calidez que, en realidad, es solo una ilusión programada. En el estudio, cuando el usuario simulaba pensamientos suicidas o autolesivos, los chatbots respondían con frases genéricas y consejos poco útiles, sin priorizar la seguridad, ni derivar a recursos de emergencia. Porque los algoritmos (¡Oh sorpresa!), no tienen ética, ni conciencia, ni idea de lo que significa contener emocionalmente a alguien que está al borde del abismo. La preocupación es tal, que el estado de Illinois ha prohibido el uso de IA para brindar terapia psicológica. Solo profesionales con licencia podrán ejercer, excluyendo explícitamente a los chatbots como interlocutores terapéuticos. En otras palabras, la terapia solo puede hacerla un ser humano, un especialista que sepa descifrar ciclos inconscientes de autosaboteo, bucles de adicción emocional, heridas no resueltas, deseos reprimidos, localizar patrones, detonantes, potenciales, hábitos, valores, identificar puntos ciegos … Porque la psicología (¡Oh sorpresa¡), no es un concurso de frases motivacionales. Y porque cuando lo que nos duele es el alma, lo que se necesita es una presencia humana, escucha real, intuición, vínculo y sensibilidad, ya que la salud mental merece cuidado, no algoritmos. Y hay que saber leer la mente para realizar cirugía en el alma. www.carloshidalgo.es
Honestidad sin testigos
El pasado 8 de abril, el sistema de telepeaje electrónico de Japón colapsó. Con el objetivo de evitar el caos, el gobierno decidió levantar las barreras de las autopistas más importantes: Tokio, Osaka y Nagoya. Durante casi dos días miles de vehículos cruzaron sin detenerse, exentos de pagar. A las 38 horas el sistema volvió a funcionar como siempre. Fue entonces cuando 24.000 conductores entraron por voluntad propia en el portal de Nexco (el operador de autopistas del país) y pagaron el consumo que hicieron de la autopista. Ante este gesto, la compañía optó por reintegrarles el dinero. Desde la psicología, este fenómeno ofrece una ventana privilegiada para reflexionar sobre la integridad, la cultura y la motivación humana. Un aspecto relevante es el papel de la cultura colectiva en Japón, caracterizado por un fuerte sentido de responsabilidad comunitaria, donde el bienestar del grupo prima sobre el beneficio individual. Desde la perspectiva de la psicología intercultural, este tipo de sociedades tiende a generar comportamientos prosociales incluso en ausencia de vigilancia. La acción de pagar el peaje no fue solo un acto individual, sino una reafirmación de pertenencia a una comunidad que valora la confianza mutua. Además, este episodio ilustra la importancia de la teoría de la autodeterminación: cuando las personas sienten que sus acciones son autónomas y alineadas con sus valores, experimentan mayor satisfacción y bienestar. Es decir, que cuando se actúa movido por valores internos (respeto, justicia o coherencia personal), la conducta no depende de recompensas externas, ni de sanciones. Estos conductores no pagaron por miedo a una multa, sino porque su identidad moral les exigía hacerlo. Una lección de probidad y autenticidad. www.carloshidalgo.es