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Procrastinar

Procrastinar

La palabra procrastinación proviene del latín pro, adelante, y crastinus, hacia el futuro, y viene a referirse al hábito de retrasar una actividad posponiéndola o sustituyéndola por otra de menor importancia. Este término suele aplicarse a la ansiedad que genera una tarea pendiente de concluir. El acto que se pospone se percibe como abrumador, difícil o tedioso, por lo cual se encuentra fácilmente una justificación para posponerlo. Científicos de la Universidad de Constanza (Alemania) han realizado un estudio a fondo y han concluido que las personas se comportan así porque creen que el día de mañana es más adecuado para poner en práctica lo planeado, demostrando también que la tendencia a procrastinar es menor si se plantea la tarea en términos cuanto más concretos y específicos mejor. Y todavía han extraído otra conclusión mas: las tareas que queremos que mejor se lleven a cabo, y a las que más importancia otorgamos, son las que más frecuentemente demoramos. Esto es así más por un exceso de perfeccionismo, que por indolencia, pereza o dejadez. Existen dos tipos de personas procrastinadoras: las eventuales, cuya actitud es esporádica, y las crónicos, que son más constantes y reiteradas. Sea de un tipo o de otro, conviene saber que el coste de la demora suele generar pérdida de productividad y merma de autoestima. Posponer una tarea acarrea siempre un sentimiento de culpa junto a un incremento de la ansiedad por el hecho de saber que hay una tarea pendiente. Lo paradójico es que esta ansiedad consume más energía de lo que la propia tarea requiere. Así que, como dijo B. Franklin no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. www.carloshidalgo.es

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