CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

Dorar la píldora

DORAR LA PÍLDORA

Se utiliza la expresión dorar la píldora cuando se pretende atenuar el efecto negativo que una mala noticia puede tener sobre una persona y se quiere hacer la situación más agradable y fácil de sobrellevar, adornando la situación y haciéndola parecer más positiva o inocua de lo que realmente es. El origen de la misma se remonta a los tiempos en que los boticarios preparaban los remedios farmacéuticos, en forma de píldora, manualmente y necesitaban disimular o eliminar el sabor amargo y desagradable de los compuestos químicos. En la actualidad, la inmensa mayoría de pastillas se fabrican en laboratorios que les aplican un recubrimiento que disimula su mal sabor y amargor. Pero en aquella época era labor del farmacéutico el lograr este efecto, y lo conseguía bañando el fármaco en una sustancia dulce para después someterlo al fuego (dorarlo), logrando así una capa exterior o costra dura de sabor dulce. De esta forma enmascarada no se siente el verdadero amargor de la píldora (o noticia) digiriéndose más fácilmente mientras se hace pasar por bueno y favorable algo que en verdad no lo es tanto. Y parece que nos quieren dorar la píldora con la convocatoria de nuevas elecciones generales, pues España se encamina de nuevo a las urnas el próximo 10 de noviembre. Pero por mucho que nos quieran mitigar esta mala noticia, este hecho sólo demuestra que tenemos unos políticos de segunda, incapaces por un ego desmesurado, por tozudez, por soberbia o por falta de formación de alcanzar un acuerdo entre ellos. Ciertamente ninguno de los cuatro líderes principales (Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias) han estado a la altura, ni se han movido en la dirección correcta, o lo han hecho tarde y mal. Como siempre, el coste institucional y económico de esta parálisis política y de la nueva convocatoria (140 millones de euros sin contar las subvenciones a los partidos) lo pagaremos todos los españoles. Lamentable. www.carloshidalgo.es

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