CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

Toy Story

Hace unas semanas, se estrenó Toy Story 5. Partiendo de una premisa aparentemente infantil (juguetes que cobran vida cuando nadie los observa) se adentra en profundas reflexiones sobre la psicología humana. Desde la primera película (1995) hay un juguete preferido para Andy, el vaquero Woody, que ocupa una posición de liderazgo: los demás juguetes confían en él, organiza reuniones y mantiene el orden en la habitación. Se diría que su identidad se basa en una idea: existe para hacer feliz Andy. Todas sus decisiones, y la manera de comprender la realidad, descansa sobre esta convicción. Pero ¿Debe nuestra existencia depender de algo externo? Con frecuencia vemos a padres que vuelcan su identidad únicamente en la crianza de sus hijos, experimentando un profundo vacío tras la partida de estos. También ocurre al llegar a la jubilación. Porque uno es profesor, químico o conductor 40 años, cambiando la manera en que se comprende a sí mismo cuando deja de trabajar. Y esa pérdida de rol produce una crisis de identidad. Por otro lado, la llegada de otro juguete, Buzz Lightyear, altera el equilibrio desplazando a Woody a un lugar secundario. En él afloran entonces los celos, la inseguridad y el temor al reemplazo, vivencias humanas que surgen cuando llega un compañero más preparado al trabajo o cuando nace un hermano. Y, por último ¿quiénes somos cuando nadie nos mira? Esta frase habla de autenticidad, reflejando que nuestros actos más sinceros y libres ocurren sin testigos. Es la idea de que la personalidad real no depende de la aprobación de los demás, pues nuestra verdadera identidad surge cuando nos quitamos la máscara social que usamos para encajar. www.carloshidalgo.es

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