El arte de no aprender
España queda por debajo de la OCDE en el último informe PISA en lectura, matemáticas y ciencias. No hablamos sólo de un mal puesto en una clasificación, sino de jóvenes a quienes cada vez les cuesta más comprender un texto, mantener la atención y enfrentarse a una tarea. Desde la psicología esto un reflejo de grandes cambios cognitivos y conductuales en los adolescentes, por lo que la explicación no cabe en una única causa. Sin duda, la atención es una de las piezas centrales. Vivimos entre vídeos breves, mensajes y contenidos que se suceden a gran velocidad, lo que acostumbra al cerebro a buscar novedades constantes, mientras que estudiar pide justo lo contrario: detenerse, leer despacio, recordar y relacionar ideas. Las pantallas no son el enemigo, pero sí lo es usarlas sin criterio. También importa cómo se vive el esfuerzo. Los expertos señalan una especie de «efecto fácil» en el sistema educativo, donde se permite pasar de curso con mucha laxitud, mientras los conocimientos pierden peso frente a las actitudes. Y esa falta de exigencia priva a los jóvenes de enfrentarse a retos y desarrollar tolerancia a la frustración. Si el alumno percibe que da igual estudiar o no para aprobar, es muy difícil que encuentre una razón para esforzarse. No se trata de convertir la escuela en un lugar más duro, sino de proponer retos alcanzables. Por último, la implicación familiar sigue siendo decisiva. Interesarse por los temas escolares transmite una idea sencilla y poderosa: aprender importa. La solución pues pasa por recuperar la lectura pausada, enseñar a gestionar la atención digital y devolver valor al conocimiento. Porque educar no es sólo aprobar. www.carloshidalgo.es