CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

La tragedia de la ignorancia

Dicen que puedes convencer a cuarenta estudiosos con un solo hecho, pero no puedes convencer a un necio ni con cuarenta evidencias. La verdad, incluso cuando está bien argumentada, no siempre persuade. El obstáculo no es la falta de información, sino la falta de disposición para aceptarla, pues una mente cerrada no busca comprender, sino confirmar. Comprender exige un esfuerzo cognitivo y emocional, junto a aceptar la incomodidad de no tener razón. Porque la mente humana no funciona como un recipiente vacío que se llena de datos, sino como un sistema defensivo diseñado para proteger creencias, identidades y certezas previamente establecidas. Esa es la auténtica tragedia de la ignorancia. Una reciente encuesta asegura que el 15% de personas ha roto, en el último año, con amigos o familiares por discusiones políticas, y que 7 de cada 10 las esquiva para evitar conflictos. Este fenómeno se explica por la disonancia cognitiva, mecanismo que surge por la necesidad de mantener coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, pues cuando existe inconsistencia entre éstas, esa falta de armonía, genera malestar. De ahí que las personas tiendan a buscar información que confirme lo que ya piensan, y a rechazar o minimizar aquello que lo contradice. Por eso, la ignorancia no es pasiva, sino activa. No se nutre de la ausencia de verdad, sino de la terquedad. Cambiar de opinión exige humildad, y la humildad implica reconocer que uno pudo estar equivocado, algo que muchos viven como una amenaza a su identidad. Así, el verdadero sabio no malgasta su energía en discusiones estériles, pues la razón convence solo a quienes están dispuestos a escuchar.  www.carloshidalgo.es

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