CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

El síndrome de Calimero

Todos conocemos a personas que no expresan quejas, sino que viven en ellas. Gente que se caracteriza por el fatalismo y el lamento persistente. Un Calimero, vamos. Calimero era un pollito gruñón, de color negro, el único de una familia de pollitos amarillos, que se caracterizaba por llevar medio cascarón de huevo en la cabeza y exclamar siempre: “¡Es una injusticia!”. Este personaje de dibujos animados, ha dado pie al síndrome de su mismo nombre, para referirse a las personas inconformistas que muestran siempre una sensación de descontento general. Este síndrome, no es solo una inclinación al pesimismo o la negatividad, sino una estructura defensiva basada en la victimización crónica. Quienes lo padecen, no solo habitan en la pesadumbre, sino que la utilizan como un escudo (como ese icónico cascarón roto que lleva sobre la cabeza) ante un mundo que perciben aciago y hostil. Lo curioso es que el foco de su malestar suele posarse en nimiedades. Un café demasiado caliente o una lluvia inoportuna es motivo suficiente para demostrar una inquina universal. El origen de esta sensación constante de injusticia e infortunio, suele estar en un pasado emocionalmente conflictivo marcado por experiencias injustas en su infancia o adolescencia que no llegaron a solventar, como falta de atención, humillación, rechazo o abandono. Sin embargo, hay una minoría que busca simplemente llamar la atención teatralizando y protestando todo el tiempo, con tal de ser la estrella, buscando ser el centro de atención. En realidad, estos pseudocalimeros, no tienen el cascaron roto, es más bien una estrategia surgida de su necesidad crónica de protagonismo, aterrándoles ser un personaje secundario en la vida de los demás. www.carloshidalgo.es

Deja un comentario