CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

El fenómeno Therian

Cada vez es más frecuente ver en redes sociales a jóvenes andando a cuatro patas, con cola y máscaras artesanales, simulando comportamientos animales como correr, saltar o marcar territorio. Son los Therians, término derivado del griego therion (bestia) y anthropos (humano), que define a individuos que sienten que su esencia interna pertenece a un animal, a pesar de ser plenamente conscientes de su realidad biológica y social. La mayoría mantiene su funcionalidad, sin afectar sus vínculos significativos (familia y amigos), mientras conservan su estabilidad emocional, sin desorganización mental, ni angustia existencial. Lejos de ser un simple disfraz o una desconexión clínica con la realidad, el fenómeno se manifiesta más como una construcción identitaria profunda. Que muchos adolescentes se identifiquen con lo mismo no es casual, pero tampoco significa que todos estén atravesando por lo mismo. Así, la superficie visual no debe distraernos de una pregunta esencial: ¿qué necesidades emocionales buscan satisfacer? Como todo fenómeno colectivo, el movimiento Therian se nutre de motivaciones subjetivas diversas: desde la búsqueda de refugio ante la exclusión social y la necesidad de pertenencia, hasta herramientas de regulación emocional o la exploración identitaria propia de la adolescencia. Y, aunque las redes son un espacio de creatividad, expresión identitaria y sentido de pertenencia, la “viralidad” rara vez favorece la comprensión profunda de aquello que se expone. En este entorno, quienes se adhieren a determinadas “modas” se exponen al juicio inmediato, al escarnio o a la burla de quienes observan sin intentar discernir las motivaciones intrínsecas que impulsan esa conducta. El riesgo aumenta cuando el algoritmo actúa como una cámara de eco, porque lo viral no solo expone, sino que también cristaliza estigmas. www.carloshidalgo.es

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