El Mariscal Tito
Ahora, que andamos huérfanos de líderes carismáticos, vendría bien recordar que se cumplen 25 años del comienzo del conflicto de los Balcanes. El personaje más importante de esa extinta Yugoslavia, y uno de los más importantes del siglo XX fue el mariscal Josip Broz Tito. Su presencia, como símbolo unificador, permitió mantener unidas a las diversas nacionalidades que conformaban Yugoslavia. Además, fue el primero en desafiar la hegemonía de Moscú, enfrentándose al propio Stalin cuando abandonó el Kominform (organización comunista bajo el liderazgo de la URSS). Yugoslavia, aún siendo comunista, escapaba del control soviético, lo que sabiendo como se las gastaba Stalin (que purgaba mejor que un laxante), era una amenaza para el mismo Tito. El mandatario soviético, cansado de él, ordenó hasta 20 operaciones para acabar con el líder yugoslavo. Desde enviar un agente de la KGB para liberar una bacteria pulmonar a través de un dispositivo oculto, hasta dispararle en una visita a Londres o envenenarlo con gas letal al abrir una caja regalo. Tito, harto de Stalin, le escribió una carta con el siguiente mensaje: “Deja de mandar gente a matarme. Si no dejas de enviar asesinos, yo mandaré uno a Moscú, y no tendré que remitir un segundo”. Stalin dejó de enviar agentes. Tal fue el alcance de Tito a nivel mundial, que su funeral de estado fue el más grande de la historia (tras el de Juan Pablo II y Nelson Mandela) por la concentración de dignatarios: cuatro reyes, treinta y un presidentes, seis príncipes y decenas de primeros ministros, de ambos lados del Telón de Acero. Al poco de fallecer, Yugoslavia se disolvió, iniciando una cruenta guerra civil. www.carloshidalgo.es