CARLOS HIDALGO Psicólogo clínico

La depresión invisible

El pasado martes 13 se conmemoró el Día Mundial de la Depresión, una ocasión para recordar que el sufrimiento psicológico no siempre es visible, ya que muchas personas con depresión no simulan estar mal, fingen estar bien para evitar el estigma, el juicio ajeno o ser una carga para los demás. De ahí surge la llamada depresión sonriente: individuos que cumplen con sus responsabilidades, mantienen rutinas, sonríen en fotos y sostienen la vida cotidiana, mientras por dentro se sienten agotados y desbordados. Esta realidad obliga a diferenciar entre funcionar bien y estar bien. Desde fuera estas personas parecen estables pues trabajan, toman decisiones, mantienen vínculos y responden a las exigencias diarias, por lo que no se detecta ninguna señal que haga pensar que algo va mal. Mientras todo siga en pie, el malestar se minimiza y la autoexigencia ocupa el centro. Sin embargo, ese malestar existe en forma de cansancio crónico, tensión constante, desconexión emocional y una sensación de alerta constante. Sería algo así como un sufrimiento que convive con el rendimiento, sin interrumpirlo. En este punto, conviene recordar que el bienestar psicológico no se puede medir por la eficacia externa, sino por la experiencia interna: coherencia entre lo que se vive y se siente, energía vital, sentido, capacidad para regular las emociones y una relación amable con uno mismo. Por lo tanto, no es tanto lo que se hace, que cómo se vive aquello que se hace, pues esa aparente normalidad silencia la necesidad de apoyo, sin darnos cuenta que alargar ese ritmo tiene un tremendo desgaste psicológico. Porque estar bien, no es solo poder con todo; es sentirse en paz con la vida. www.carloshidalgo.es

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