Seguro que alguna una vez hemos sentido que el horóscopo, o una lectura de cartas, nos han descrito perfectamente, con una sensación de coincidencia absoluta. En psicología, este fenómeno se denomina efecto Forer o efecto Barnum. Este concepto, también conocido como falacia de validación personal, explica por qué algunas personas aceptan descripciones vagas y genéricas como si estuvieran hechas específicamente a su medida. Este constructo se originó en 1948, cuando el psicólogo Bertram Forer, realizó un experimento con sus alumnos entregándoles un supuesto análisis de personalidad individualizado tras realizarles un test. En realidad, todos recibieron el mismo texto compuesto por frases de horóscopos. Sorprendentemente, los estudiantes calificaron la exactitud del análisis con una media de 4,26 sobre 5, convencidos de que el texto reflejaba su carácter único. Esta trampa mental se apoya en tres pilares: la vaguedad de las afirmaciones, su universalidad (siempre suelen ser rasgos positivos) y nuestra sed de validación personal. Nuestro cerebro, experto en buscar patrones, utiliza el sesgo de confirmación para filtrar solo lo que nos gusta y descartar lo que no encaja. Es el triunfo del wishful thinking (pensamiento deseoso), que nos lleva a considerar cierto lo que nos gustaría que fuera verdad, especialmente si son atributos positivos. Quienes atraviesan momentos de inseguridad son blancos más fáciles, pues buscan en estas palabras un refugio de certeza. Para no ser víctimas de este espejismo, es vital cuestionar la autoridad de la fuente y desconfiar de esas descripciones «doble cara», ambiguas y generalistas, que parecen decir mucho sin decir nada. Al final, la mente es un sastre experto en ajustar cualquier traje prestado hasta que parece hecho a medida. www.carloshidalgo.es